Hacer huelga te cuesta un día de nómina; tragar con la derecha sale infinitamente más caro
Cada vez que la clase trabajadora convoca un parón para recordar quién sostiene de verdad el engranaje productivo, en las sedes de Génova y Bambú se activan las alarmas como si hubieran anunciado la expropiación forzosa de los chalecos acolchados. Para el Partido Popular y Vox, quien secunda una huelga no es un ciudadano ejerciendo un derecho constitucional básico, sino un sospechoso habitual empeñado en arruinar la patria entre cafés y pancartas. Resulta cómico ver a los adalides de la pulserita rojigualda rasgarse las vestiduras: Vox finge preocuparse por el currante mientras vota en bloque contra cualquier subida del salario mínimo y fantasea con penalizar la protesta laboral, mientras el PP repite el mantra de que el mercado se autorregula solo, preferiblemente recortando servicios públicos y abaratando despidos. Frente a esa campaña de histeria y desinformación patronal, conviene tener a mano un breve manual pedagógico con lo que la ley dice y lo que los ada...