Guía didáctica para el 11N: Cómo explicarle a la derecha que comer y tener techo no son vicios burgueses

​Parece que necesitamos una pizarra y tizas de colores para volver a explicar lo elemental: trabajar debería servir para vivir, no para transferir el 70% de la nómina a la cuenta corriente de un rentista el día uno de cada mes. 


Pero como el próximo 11 de noviembre hay convocada una Huelga General con el foco puesto en la vivienda y los salarios, ya han empezado a desfilar por las tertulias los sospechosos habituales a recordarnos que quejarse es de vagos y que parar el país es casi terrorismo económico.

​Conviene hacer un ejercicio de pedagogía básica con un toque de realismo para desmontar el sainete que montan el Partido Popular y Vox cada vez que la clase trabajadora decide que ya basta de poner la otra mejilla.

​Lección 1: Matemáticas de primero de primaria (para portavoces del PP)

​El dogma oficial de Génova es fascinante: «el mercado se autorregula solo» y «limitar los alquileres es comunismo soviético». Su receta infalible para abaratar la vivienda consiste en negarse a aplicar la Ley de Vivienda en sus comunidades, regalar suelo público a promotores privados y confiar en que, si construimos suficientes áticos de lujo para fondos buitre internacionales, por arte de magia un camarero en Palma o una enfermera en Madrid podrán pagarse un piso digno.

​El cálculo que no quieren ver es bastante simple:

  • ​El dato: Cuando el alquiler devora entre el 60% y el 70% de un sueldo medio, el 30% restante no da para comida, luz, transporte e inflación acumulada.

  • ​La teoría liberal: «Si no te llega el sueldo, trabaja más horas o vete a vivir a 80 kilómetros».
  • ​La realidad: El trabajo ha dejado de ser un salvavidas contra la pobreza; se ha convertido en un peaje obligatorio para subsidiar las plusvalías inmobiliarias de unos pocos.

​La libertad que defiende el PP no es la de poder elegir un proyecto de vida; es la libertad de un gran tenedor para cobrarte 1.100 euros por un sótano húmedo sin cédula de habitabilidad y llamarlo «estudio acogedor».

​Lección 2: Cortinas de humo y banderitas (el manual ilustrado de Vox)

​Si el PP recurre al fundamentalismo de libre mercado, Vox recurre directamente a la distorsión cognitiva. Para la ultraderecha, el drama de la vivienda no tiene nada que ver con fondos de inversión acaparando barrios enteros, ni con la proliferación descontrolada de pisos turísticos, ni con salarios congelados. No. Según su particular cosmovisión, el verdadero apocalipsis nacional son los «okupas» que supuestamente acechan tras la puerta para quitarte tu casa en cuanto bajas a tirar la basura.

​Es una jugada maestra de prestidigitación:

  1. ​Te convencen de que el enemigo es el vecino vulnerable o el migrante que comparte habitación con cuatro personas.
  2. ​Ocultan cuidadosamente que votan sistemáticamente en contra de cualquier control de precios, de gravar las viviendas vacías de los bancos y de aumentar el parque público de alquiler.
  3. ​Se envuelven en una bandera de España gigantesca mientras defienden los privilegios de los fondos de inversión extranjeros que expulsan a las familias españolas de sus barrios.

​Mucho golpe de pecho patrio y mucho «sindicato» corporativo de bolsillo, pero a la hora de la verdad, entre el inquilino asfixiado y el fondo de inversión de Wall Street, Vox siempre se cuadra ante el capital.

​Lección 3: ¿Por qué la huelga general del 11N es obligatoria?

​A la derecha le incomoda la huelga del 11 de noviembre porque ataca la raíz del timo: conectar el derecho a la vivienda con los derechos laborales. Nos han intentado vender que lo que pagas por tu casa es un problema exclusivamente personal —búscate otro empleo, toma menos café para llevar, aprende a ahorrar—, cuando en realidad es un mecanismo masivo de devaluación salarial. De nada sirve pelear un aumento del 4% en convenio si la renovación del contrato de alquiler te sube un 25% de golpe.

​Hacer huelga no es un capricho ni un día festivo anticipado. Es el único botón de emergencia que tienen quienes viven de su salario cuando el sistema decide que la vivienda no es un techo consagrado por la Constitución, sino un activo financiero de alto rendimiento.

​El 11N no se para por gusto; se para porque trabajar para no poder ni pagar cuatro paredes no es empleo, es servidumbre feudataria con nómina digital. 

Quienes viven de especular pueden permitirse ignorar los números, pero los que sostenemos la economía real no tenemos tanto margen. 

Nos vemos en las calles.  

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