Guía para sobrevivir al libre mercado (o por qué el 11N no es un capricho)


Parece que pedir llegar a fin de mes sin recurrir al ayuno intermitente involuntario y tener un techo que no cueste el 80 % del sueldo vuelve a ser motivo de escándalo para ciertos sectores. 

La convocatoria de huelga general para este 11N plantea dos demandas básicas: salarios dignos y vivienda asequible. 

Sin embargo, si uno escucha los discursos habituales del Partido Popular o de Vox, da la impresión de que protestar por no vivir asfixiado económicamente equivale a dinamitar los cimientos mismos de la civilización occidental.  

Lección 1: Las leyes laborales no nacen de la caridad empresarial...
Existe una fantasía muy extendida en la bancada de la derecha según la cual los derechos laborales caen del cielo o surgen de la infinita generosidad de los consejos de administración. 

Vox suele envolverse en banderas mientras defiende desregulaciones que dejarían al trabajador desamparado, y el PP recurre al clásico mantra de que cualquier regulación o subida salarial «destruye empleo y asusta a los inversores».

Conviene hacer un poco de pedagogía elemental: cada derecho que hoy se disfruta existe porque está regulado y blindado ante los abusos.  

El trabajo en días festivos no es un favor: La legislación protege el descanso laboral y fija compensaciones específicas.  

Compensación económica o descanso: Si por razones excepcionales toca trabajar en festivo, la normativa contempla una compensación económica o descanso compensatorio según el convenio colectivo.  

El plus obligatorio: En concreto, el artículo 47 del Real Decreto 2001/1983 fija que las horas trabajadas en festivo no disfrutado deben abonarse con un incremento mínimo del 75 %, salvo que se compensen con descanso.  

Si dependiera de la desregulación total que pregonan los apóstoles del libre mercado, trabajar en festivo se pagaría en «experiencia» o palmaditas en la espalda en nombre de la productividad nacional.

Lección 2: El patriotismo de la precariedad según Vox y el PP
Resulta fascinante la gimnasia mental de la derecha española ante una convocatoria de paro general:

El modelo PP: La vivienda no es un derecho, es un activo financiero intocable. Si el alquiler devora todo tu salario, la solución neoliberal consiste en apretarse el cinturón, trabajar más horas extras y agradecer la oportunidad de competir en la jungla. Para ellos, cualquier huelga es siempre inoportuna, irresponsable y una afrenta al PIB.

El modelo Vox: Mucho discurso sobre defender a los «españoles de a pie» y a los «currantes que madrugan», pero a la hora de votar en el Parlamento, se oponen sistemáticamente a la subida del salario mínimo, rechazan topar precios de alquileres y desprecian cualquier movilización sindical tildándola de ideológica. Su receta para el obrero es sobredosis de banderas y cero derechos materiales.

La huelga como recordatorio necesario...

Ni los salarios dignos ni el acceso a una vivienda asequible se van a conceder por arte de magia. Las huelgas generales no se organizan por gusto ni por arruinar el día a nadie; son la única herramienta histórica que frena la precarización y recuerda que la economía no funciona sin la fuerza de trabajo.  

El 11N no es más que poner pie en pared frente a quienes creen que tener una nómina justa y una vivienda digna es un lujo burgués, en lugar del estándar más elemental de una sociedad decente.  

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