Spoiler: Nadie se ha vuelto millonario escribiendo frases motivacionales en una taza
Ah, la sabiduría milenaria de internet. Esa maravillosa corriente de pensamiento que nos sacude el alma con revelaciones tan profundas como "No tienes que ser grande para empezar, pero tienes que empezar para ser grande".
Menos mal que me lo recordaron, estuve a punto de esperar a ser un laureado Premio Nobel de física cuántica y ajedrez submarino antes de levantarme a hacerme un café.
El texto en cuestión, digno de un cartel enmarcado junto a una foto de un amanecer y una gaviota desorientada, nos regala perlas como: "La grandeza no es un prerrequisito para la acción, sino el resultado de acciones consistentes".
Claro, por supuesto. Olvídate de la planificación estratégica, del talento, de los recursos o de tener una mínima idea de lo que estás haciendo.
Solo sal a la calle, ponte a mover los brazos con consistencia y ¡pum!, grandeza pura.
Nos venden la moto de que la "parálisis de la perfección" es el único villano en nuestra película de superación personal.
Como si el mundo no estuviera ya lleno de entusiastas incompetentes que decidieron empezar sin tener todo planeado (y cuyos desastres diarios nadie documenta en LinkedIn).
Y claro, no podía faltar el toque poético de saldo: «El viaje de mil kilómetros comienza con un solo paso, ¿cuál será el tuyo hoy?». Pues mira, mi primer paso hoy va a ser cerrar esta pestaña, ignorar el ultimátum filosófico de la gaviota y volver a vegetar en el sofá. Porque si la grandeza es el resultado de dar pasos consistentes, creo que prefiero quedarme en la mediocridad cómoda y bien descansada.
De nada por la dosis de realidad.
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