Manual de supervivencia familiar: por qué soy de izquierdas (y no, no es culpa del abuelo comunista)


Hay tradiciones preciosas que se heredan de generación en generación: la receta secreta de las croquetas de la abuela, la vajilla buena que solo se saca cuando viene el obispo o el cuñado que cuña en Nochebuena. 

En España, además, tenemos la venerable tradición de heredar la papeleta electoral como si fuera la escudilla de plata familiar.
Pues bien, que conste en acta: a mí la política familiar me importa un bledo.

Tengo familiares de derechas, de izquierdas, de centro-puro, de centro-duda y de "yo es que paso de todo". Amigos y amigas del alma que votan a unos y a otros, a los que quiero profundamente (a pesar de que alguno intente colarme un debate sobre la fiscalidad de las sicavs entre el primer y el segundo plato). 

Mi árbol genealógico es un catálogo de IKEA ideológico donde conviven el comunista de trinchera y el devoto del Ibex 35.
Pero yo, querido lector, soy de izquierdas por convicción. 

No por inercia sentimental, no porque me obligaran en el colegio de monjas o laicas, y desde luego no por tradición.
El peligroso vicio de mirar más allá del ombligo...

Soy de izquierdas por una razón muy simple y a la vez profundamente revolucionaria: porque creo en el Estado de bienestar. ¡Qué osadía, verdad?

 Defiendo la sanidad pública para que no tengas que empeñar el riñón en un hospital privado, la educación pública para que el ascensor social no esté permanentemente averiado, unas pensiones dignas y una ley de dependencia que no trate a nuestros mayores como un estorbo presupuestario.

Y sí, lo confieso: creo que hay que redistribuir la riqueza. Me parece una idea fantástica eso de que quien más tiene, pague más, en lugar de dejar que el mercado —esa divisa invisible que siempre cuida de los mismos— convierta la vida de la gente en un parque temático para ricos. 

Creo en mejorar las condiciones laborales y sociales de la clase trabajadora. Básicamente, porque soy clase trabajadora, y tengo la extraña manía de no mirarme solo el ombligo. 

Prefiero pensar que, organizándonos un poco, podemos hacerle la vida un poco menos cuesta arriba a los demás.
Los arqueólogos del pasado y los salvadores de la patria...

Claro que, hoy en día, mantener esta postura en España requiere altas dosis de paciencia y un casco de obra. Porque enfrente tenemos a dos fuerzas vivas que se disputan el título de "salvadores de Occidente" con métodos más propios del NO-DO:

Por un lado tenemos al Partido Popular, esa gente que descubrió que el centro político es un concepto tan abstracto como la física cuántica, pero que prefiere pactar con la ultraderecha antes que perder un sillón. Nos prometen la bajada de impuestos universal —que casualmente siempre beneficia al que gana seis cifras al mes— mientras los servicios públicos se desmoronan a velocidad de crucero. 

Son los reyes de la nostalgia: te dicen que España se rompe cada vez que un trabajador exige cobrar el Salario Mínimo Interprofesional, pero callan misteriosamente cuando se habla de amnistías fiscales a sus amigotes.
Y por el otro, cómo no, Vox. 

Esos adalides de la libertad que quieren prohibir todo lo que no quepa en una estampita del siglo XIX. Su programa político se resume en un cóctel explosivo de odio al diferente, negacionismo climático y añoranza de tiempos donde las mujeres callaban y los señoritos mandaban. 

Vienen a "salvar a España" de comunistas imaginarios mientras votan sistemáticamente en contra de cualquier ley que proteja los derechos laborales o los servicios públicos de los currantes que, paradójicamente, les votan pensando que son "los suyos". Spoiler: no lo sois.

Conclusión para llevarse bien (o al menos intentarlo)...
En fin. Que se puede querer a todo el mundo, cenar con cuñados peperos y tomar cañas con ultras de sobremesa (siempre que el alcohol corra rápido). Pero a la hora de la verdad, las ideas importan.

No soy de izquierdas por inercia familiar. Soy de izquierdas porque prefiero un país donde quepamos todos con derechos, a uno donde solo respiren los de siempre.

Y tú, ¿de qué bando eres: de los que miran por la comunidad o de los que solo miran por su cartera? 

Te leo en los comentarios (y que Dios nos pille confesados).

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