¿Revolución o "gestión eficiente"? El dilema de nuestras vidas
Mientras gran parte de la sociedad parece estar ocupada intentando descifrar si el próximo paso lógico en la evolución humana es una app de reparto o una nueva forma de teletrabajar, me he refugiado en la lectura de el libro de Enzo Traverso, Revolución: Una historia intelectual, es básicamente esa bofetada de realidad que necesitábamos y que, por supuesto, nadie ha pedido.
Es fascinante cómo Traverso disecciona la idea de revolución, tratándola no como un simple alboroto callejero, sino como un fenómeno intelectual profundo, cargado de pasiones y transformaciones que, seamos sinceros, harían que a cualquier estratega de campaña actual le diera un vahído.
El contraste necesario...
Al terminar el libro, es imposible no mirar de reojo hacia la "hoja de ruta" del Partido Popular para este país. Es un ejercicio de contraste tan poético como aterrador. Mientras Traverso nos recuerda que la revolución es un intento audaz de romper el tablero y reimaginar la estructura misma de la sociedad, la estrategia popular parece consistir en asegurarse de que el tablero esté bien barnizado, que no se mueva ni una pieza y que, si alguien intenta cambiar el juego, le recuerden amablemente que "así es como se hacen las cosas".
La genialidad del asunto —y aquí es donde entra la sátira que tanto nos gusta— es ver cómo nos venden que "ganar las elecciones" es el pináculo de la ambición humana. El Partido Popular nos propone un horizonte donde el mayor riesgo es que la inflación suba un par de décimas o que la gestión de X servicio público sea, ejem, "optimizable". Es el triunfo de la gestión sobre la idea, de la hoja de cálculo sobre la historia.
Un futuro en escala de grises
Traverso nos habla de grandes rupturas, de horizontes utópicos y del peso de la memoria. Nuestros gestores políticos, en cambio, nos proponen que el futuro sea exactamente igual que el presente, pero con mejores números en el balance. Qué consuelo, ¿verdad?
Quizás el problema de la "hoja de ruta" no es que sea mala, sino que es aburridamente previsible.
Nos prometen la estabilidad de una vida diseñada por algoritmos de marketing, mientras libros como el de la imagen nos sugieren que, quizás, la historia no se mueve por ajustes técnicos, sino por pasiones desmedidas.
En fin, seguiré leyendo sobre revoluciones intelectuales.
Al menos así, cuando el Partido Popular gane otra vez y todo siga igual, podré decir que al menos leí algo que intentaba explicar por qué estamos atrapados en este bucle de "gestión eficiente".
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