¿Os habéis dado cuenta de la regresión o es solo cosa mía?

En el primer 15M, aquel que provocaba sarpullidos a los señores de traje y pulserita rojigualda, una de las grandes peleas a pie de calle era impedir que echaran de su casa a familias ahogadas que ya no podían pagar la hipoteca. ¿Os acordáis? 

El movimiento llegó a paralizar desahucios en la misma puerta junto a la PAH y convirtió aquella emergencia en una causa central. Era un drama absoluto, sí. Pero, visto con perspectiva, hay un detalle demoledor: aquella gente, al menos, había conseguido una hipoteca. 

Habían logrado llegar a esa pantalla del videojuego.
Quince años después, gracias a la inestimable gestión de quienes confunden la "libertad" con el libertinaje inmobiliario (hola, Partido Popular) y de esos grandes salvapatrias de Vox —que defienden muchísimo la soberanía nacional siempre y cuando se la puedan vender a trozos a un fondo buitre extranjero—, el panorama es fascinante. Una parte enorme de toda una generación ni siquiera llega a la pantalla del notario.

 ¿Comprar? Eso es de ser muy exquisito. Ahora lo moderno es la emocionante aventura de tener cada vez más problemas para pagar el alquiler sin tener que donar plasma a fin de mes.

Hemos pasado del trágico «el banco me quita mi casa» al resiliente y contemporáneo «jamás tendré una casa y me dejo el 60% del sueldo en pagarle la tercera residencia a otro».
Esa ha sido nuestra gloriosa evolución económica. Pero, por favor, no nos quejemos demasiado, no vayamos a ofender al libre mercado. 

Además, ya nos lo explican a diario PP y Vox: el verdadero drama de la vivienda en España no es que el alquiler de un zulo cueste más que el salario mínimo, sino el terror pánico a que un okupa ninja entre en tu piso de 40 metros mientras bajas a comprar el pan.

 Menos mal que los tenemos a ellos para protegernos del comunismo, aunque tengamos que celebrarlo compartiendo piso hasta los cincuenta años.

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