Manual de supervivencia espiritual (y política) o por qué el PP y Vox odiarían leer a Agustín Gómez-Arcos
Ay, queridos lectores de mi blog, qué tiempos tan entrañables nos ha tocado vivir. Uno enciende la televisión o sale a la calle y le entran unas ganas locas de aplaudir con las orejas ante tanto progreso intelectual.
Menos mal que siempre nos queda la literatura, esa peligrosa costumbre que tienen algunos de usar las neuronas, algo que, a juzgar por los discursos de nuestros entrañables amigos del Partido Popular y Vox, debería estar tipificado en el Código Penal por alterar la paz de los espíritus simples.
Porque claro, imagínense por un momento a los señoritos de la extrema derecha y sus socios de la derechita moderada-pero-inquieta intentando leer la auténtica obra maestra que tengo entre manos (o más bien en pantalla): Ana no, del inmortal y exiliado Agustín Gómez-Arcos.
¡Qué sofoco para el Ayuntamiento de turno! Seguro que ya estarían buscando a qué concejal de cultura encomendar la hoguera purificadora o la retirada urgente de la obra de las bibliotecas públicas por "atentar contra las buenas costumbres" y la sagrada tradición de mirar hacia otro lado.
Y es que leer Ana no en estos tiempos de rancio postureo patrio y bandera al viento es un auténtico lujo asiático. La novela es una joya literaria deslumbrante, una bofetada con guante de seda y alambre de espino que retrata la dignidad indomable frente a la opresión, el fascismo cotidiano y la crueldad institucional de una España oscura que, oh sorpresa, algunos parecen empeñados en resucitar con eslóganes de saldo y misa dominical obligatoria.
Gómez-Arcos escribe con una prosa tan bella como devastadora, esculpiendo un personaje inolvidable, Ana, cuya resistencia titánica a pie de vía (literalmente, esperanzada y sufrida junto a las vías del tren) es un monumento a la libertad que avergonzaría a cualquier cuñado de tribuna política.
Mientras los de Vox desfilan con su catálogo de nostalgias oscurantistas y el PP asiente con la boca pequeña mientras privatiza hasta el aire que respiramos, obras como Ana no nos recuerdan el valor peligroso de la memoria y el pensamiento crítico.
Es un libro magnífico, excelso, dolorosamente hermoso, que brilla precisamente por todo aquello que a nuestros actuales censores de brocha gorda les provoca urticaria: inteligencia, sensibilidad social y una hondura humana infinita.
Así que ya sabéis, almas cándidas. Antes de que nos prohíban pensar o nos obliguen a recitar el BOE en verso monótono, hacedle un favor a vuestra salud mental: leed a Agustín Gómez-Arcos.
A los políticos de orden les dará un sarpullido, pero vuestras cabezas os lo agradecerán eternamente.
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