El insoportable drama de la patronal (o por qué no entiendo sus lágrimas de cocodrilo)
Llevo semanas escuchando el llanto desconsolado de la patronal por la inminente huelga general.
Es una tragedia griega, de verdad. Según nos cuentan con la voz entrecortada, el país se precipita hacia el abismo absoluto porque los asalariados han decidido parar un día.
Y yo, sinceramente, no acabo de entender el drama.
Llevamos años soportando la misma matraca, esa banda sonora machacona que Vox y el Partido Popular repiten en cada mitin, tertulia y sesión parlamentaria: "La riqueza la crea el empresario, no el trabajador".
Nos lo han repetido tantas veces que parece un mantra sagrado. Nos han explicado, con esa condescendencia de quien habla a un niño que no sabe sumar, que los que verdaderamente levantan España, los que sostienen el sistema y nos dan de comer por pura caridad, son ellos.
Los creadores de riqueza.
Pues bien, si esto es un hecho empírico e irrefutable, tengo una propuesta revolucionaria para el día de la huelga: que aprovechen la jornada para demostrarlo.
Ya que los trabajadores no pintan nada en la gran ecuación de la prosperidad económica, que ese día se pongan los altos directivos al volante de los autobuses urbanos en hora punta. Que bajen a los boxes de urgencias a encajar infartos y crisis de ansiedad, que se ajusten bien la faja lumbar para descargar camiones en los polígonos a las tres de la madrugada y que se vayan a los campos a recoger fresas a pleno sol.
Al fin y al cabo, es su riqueza, ¿no? No deberían necesitar a unos simples peones para generarla.
Es el momento perfecto para que los accionistas abandonen sus consejos de administración, se arremanguen sus camisas a medida y salgan a producir con sus propias manos esos millones que dicen generar con su "incansable esfuerzo y visión de mercado". Me fascina imaginar la escena: corbatas volando, mocasines pisando barro y descubriendo de golpe lo que pesa un palé de 500 kilos.
A ver cuánto tarda en quebrar el país de los que presumen de mantenerlo. A lo mejor, solo a lo mejor, los señores de Vox, del PP y de la patronal descubren ese día que las hojas de Excel y los discursos rimbombantes lo aguantan todo, pero la recolección de la fresa y la planta de traumatología, no tanto.
Mientras tanto, que sigan llorando por las televisiones.
Que la huelga, por lo visto, solo es mala cuando la hacen los que de verdad trabajan.
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