El fascinante diccionario moderno (o cómo la semántica depende de tu cuenta bancaria)


Hola a todos. Hoy me he levantado con ganas de repasar nuestro rico vocabulario contemporáneo, porque resulta fascinante ver cómo ha evolucionado la semántica en los últimos años. 

Parece que nos han cambiado el diccionario de la noche a la mañana y nadie nos ha pasado el memorándum.
Hablemos de la palabra estrella de la década. 

Hoy en día, llaman libertad a que quien tiene millones compre barrios enteros, expulse a los vecinos de toda la vida y convierta viviendas en activos turísticos. Ah, la dulce brisa de la libertad moderna... 

Huele a rentabilidad trimestral, a candados con código en los portales y a maletas de rueditas resonando por los adoquines a las tres de la mañana. Qué inspirador es ver cómo el derecho a la ciudad se transforma en un Monopoly gigante donde tú ni siquiera tienes ficha para jugar.

Pero la magia lingüística no acaba ahí. El diccionario tiene otra joya para los que estamos en la parte baja de la pirámide. 

Resulta que ahora llaman comunismo a que la camarera que os sirve el café pueda vivir a menos de una hora de su trabajo. ¡Habrase visto semejante desfachatez bolchevique! 

Querer dormir, trabajar y hacer la compra en el mismo código postal sin tener que coger tres trenes de cercanías. Seguramente pedir que el sueldo te dé para pagar un techo sin tener que compartir piso a los 40 años es el primer paso hacia el colapso de la civilización occidental.

Es enternecedor ver los malabares discursivos que se hacen en las tribunas para justificar que el mercado inmobiliario es un ente místico e intocable. Te venden que el problema es que quieres "vivir por encima de tus posibilidades", como si aspirar a no destinar el 70% de tu sueldo a un casero fuera un lujo extravagante digno de un emperador romano.

Al final del día, la conclusión es bastante sencilla: la palabra “libertad” les funciona de maravilla mientras facture el de arriba. Es un concepto elástico, un traje a medida que abriga mucho si eres fondo de inversión, pero que te deja a la intemperie si eres asalariado.

Para ellos, la libertad es acumular; para ti, la libertad es madrugar más para llegar a tiempo al centro desde la otra punta de la comunidad. Qué suerte tenemos de ser tan libres, ¿verdad?

Nos leemos en el próximo post (si el wifi del tren de cercanías me lo permite).

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