Demócratas de toda la vida (de franquismo rancio): cuando el voto libre te arruina el chiringuito
Ay, amigos. Qué frágil es la salud mental de nuestra derecha más cañí.
Cuando parecía que ya nos habíamos acostumbrado a que cualquier derrota electoral fuera, por definición, un complot judeomasonicobolchevique de la CIA, va el PP y Vox y deciden subir la apuesta.
¿El nuevo drama nacional? Que la gente vote. Sí, horror de horrores: los ciudadanos ejercen su derecho al sufragio, y resulta que no sale lo que a ellos les gusta. ¡Inaudito!
El apocalipsis del sobre amarillo: El "pucherazo" invisible...
Primero fue el ataque furibundo al voto por correo.
Esa herramienta demoníaca utilizada por el régimen comunista-sanchista-etarra para... ¿dejar que la gente vote si está de vacaciones, trabaja o tiene movilidad reducida?
¡Qué osadía!
Los autoproclamados "defensores de la Constitución" pasaron semanas insinuando que los carteros de Correos iban disfrazados de agentes del KGB dispuestos a manipular sacas enteras de votos bajo la atenta mirada de un mapache estalinista.
Olvidan (o prefieren ignorar, que es gratis) que nuestro sistema electoral es uno de los más seguros y garantistas del mundo: con una cadena de custodia hipervigilada, juntas electorales provinciales y la intervención de interventores de todos los partidos —sí, también de los suyos—.
Pero claro, es más fácil berrear "¡fraude!" que asumir que a lo mejor, solo a lo mejor, España no es el cortijo ideológico que llevan en la cabeza desde 1939.
Abuelos, nietos y fantasmas del pasado: el terror al voto del exiliado...
Pero por si el drama del cartero patrio fuera poco, faltaba el plato fuerte: el voto de los nietos de españoles exiliados.
Ahí sí que se les ha caído la careta por completo. Ver a dirigentes políticos con ínfulas de próceres patrios escandalizarse porque los descendientes de aquellos a quienes su bando favorito echó a patadas (o obligó a huir para no acabar en una cuneta) puedan votar, es de un cinismo tan olímpico que dan ganas de aplaudir con las orejas.
Resulta que para esta gente, la "Patria" es un club privado con derecho de admisión. Si te fuiste porque te fusilaban o te hacían la vida imposible, tus hijos y tus nietos son poco menos que apátridas peligrosos.
¿Qué temen exactamente? ¿Que alguien cuya familia sufrió la represión y el olvido no vote con el entusiasmo monárquico y casposo que ellos exigen?
La Ley de Memoria Democrática y el acceso a la nacionalidad para estos nietos no es ningún "pucherazo extranjero", como berrean en sus mítines con cara de circunstancias.
Es un acto de estricta justicia histórica y un derecho reconocido en un país que, afortunadamente, es una democracia plena... aunque a algunos se les note tanto que suspiran en secreto por los tiempos del un solo partido, una sola voz.
En fin, queridos lectores. Menos lloros electorales, más leerse las garantías del sistema, y sobre todo, un poquito de respeto a la democracia.
Aunque entiendo el pánico: cuando tu proyecto político se basa en el miedo y la exclusión, que la gente —toda la gente, incluso la de fuera— pueda votar libremente es, efectivamente, una pesadilla.
¿Qué opináis?
¿Veremos el día en que acepten una urna sin montar una dramedia turca?
Os leo en comentarios.
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