Crónicas desde el sofá de uno de los de la mariscada: 8 años "sin hacer absolutamente nada" en UGT
Resulta fascinante abrir las redes sociales o sintonizar ciertas tertulias de la derecha y la ultraderecha por la mañana. Según el argumentario oficial del PP, de Vox y de su inagotable coro de voceros mediáticos, los sindicalistas de UGT llevamos los últimos ocho años viviendo en unas vacaciones permanentes.
Por lo visto, nuestro día a día consiste en levantarnos al mediodía, cobrar subvenciones millonarias por respirar y desayunar centollos mientras vemos cómo se hunde el mundo.
Me veo en la obligación moral de pedir perdón.
Perdón por no haberles avisado de que todo lo que ha pasado en el mercado laboral español durante casi una década ha sido obra de la magia borrás, la alineación de los planetas o la generosidad espontánea de los mercados, y no del trabajo sindical.
Los grandes acuerdos que "se firmaron solos"...
Como en UGT "no hacemos nada", suponemos que fue el Espíritu Santo quien se sentó en las mesas del Diálogo Social con el Gobierno y la CEOE durante estos últimos ocho años.
Debió de ser por generación espontánea que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) pasó de aquellos miserables 735 euros en 2018 a superar los 1.134 euros en los últimos años, subiendo más de un 50% ante los gritos apocalípticos de la derecha que auguraba las siete plagas de Egipto y la destrucción de millones de empleos. Spoiler: hoy hay más de 21 millones de cotizantes, récord histórico.
Qué cosas pasan cuando "no se hace nada"...
Tampoco tuvimos nada que ver, por supuesto, con la Reforma Laboral de 2021.
Que la temporalidad se haya desplomado, que el contrato indefinido sea por fin la norma y no un milagro navideño, y que hayamos recuperado la ultraactividad de los convenios y la prevalencia del convenio sectorial sobre el de empresa (desmontando pieza a pieza la reforma del PP de 2012 que servía para bajar sueldos legalmente)... todo eso ocurrió mientras estábamos de cañas.
¿Y los ERTE durante la pandemia que salvaron millones de puestos de trabajo y empresas mientras otros pedían abrirlo todo o dejar caer la economía? Pura casualidad.
¿La derogación del factor de sostenibilidad del PP y la revalorización de las pensiones conforme al IPC por ley? Un descuido administrativo.
¿El V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) firmado con la patronal para asegurar subidas salariales y cláusulas de revisión cuando la inflación apretaba el cuello? Un espejismo colectivo.
El espejismo de los convenios y las huelgas fantasma...
Pero donde más se nota nuestra "absoluta inactividad" es a pie de fábrica, de taller, de oficina y de comercio.
En estos ocho años, los miles de delegados y delegadas de UGT que se dejan la piel cada día en los centros de trabajo han debido de ser hologramas.
Al parecer, los más de 4.500 convenios colectivos (sectoriales y de empresa) que se negocian, renuevan y desbloquean año tras año dando cobertura a más de 11 millones de trabajadores y trabajadoras los redacta ChatGPT...
Las reducciones de jornada en sectores clave, los protocolos contra el acoso, los planes de igualdad, los pluses de peligrosidad o las adaptaciones al teletrabajo y la desconexión digital han caído del cielo como maná bíblico.
Y claro, como somos "sindicatos domesticados", tampoco hemos pisado la calle. Habrá que decirles a los trabajadores y trabajadoras del sector del metal (desde Cádiz hasta Cantabria, pasando por Pontevedra o Ourense), a las plantillas de la limpieza, de la ayuda a domicilio, del comercio, de la banca, del campo, de la logística, de las contratas ferroviarias o de la automoción que las cientos de huelgas, piquetes, manifestaciones y conflictos colectivos que hemos organizado y sostenido desde las cajas de resistencia y las secciones sindicales de UGT fueron simples excursiones campestres.
Cuando una patronal bloquea un convenio y a las tres semanas de huelga firma una subida salarial digna, seguro que lo hace porque ha visto un tuit muy enfadado de algún diputado de Vox, no porque UGT le haya parado la producción.
La hipocresía de los alérgicos al boletín oficial...
Lo más cómico —por no llorar— de escuchar a los dirigentes del PP y de Vox llamarnos "vagos" o "comegambas" es mirar su propio historial de votación en el Congreso.
Ellos, los autoproclamados defensores del "trabajador madrugador", han votado en contra de subir el SMI, en contra de revalorizar las pensiones con el IPC, en contra de la Reforma Laboral que da estabilidad a los jóvenes (esa que casi tumban con un pucherazo parlamentario), y se llevan las manos a la cabeza cada vez que exigimos reducir la jornada laboral a 37,5 horas camino de las 35 o endurecer las indemnizaciones por despido improcedente en Europa.
Les molesta UGT no porque no hagamos nada, sino precisamente porque hacemos demasiado. Les molesta que cada vez que un trabajador tiene un problema con su nómina, su horario o su salud laboral, haya un delegado o delegada de UGT con la ley y el convenio en la mano parándole los pies al abuso.
Les molesta el sindicato de clase porque es el único muro de contención real frente a su modelo ideal de relaciones laborales: el del trabajador aislado, sin convenio, negociando individualmente su miseria frente al despacho del jefe.
Así que nada, queridos voceros de la caverna: seguid diciendo que en UGT no damos un palo al agua. Nosotros, mientras tanto, seguiremos a lo nuestro "sin hacer nada": negociando convenios, convocando huelgas cuando toca, arrancando derechos en el BOE y subiendo salarios.
Alguien tiene que trabajar para mejorar la vida de la gente mientras otros solo viven del ruido.
Comentarios
Publicar un comentario