La nube negra, el dolor invisible y la tarea de volver a ser Álvaro
Hace poco tuve sesión con mi psicóloga, Andrea, y os confieso que salí bastante tocado. A veces, sentarse a hablar de uno mismo es como abrir un cajón que preferirías mantener cerrado. Estuvimos escarbando en un tema complicado y doloroso: quién soy realmente a día de hoy.
Últimamente siento que llevo una nube negra encima. La neuropatía lo tiñe todo y me está costando horrores separar mi propia identidad de la enfermedad. Resulta tremendamente frustrante escuchar a la gente decir con toda su buena intención frases como "¡qué bien te veo!" o "qué delgado te has quedado".
Sonríes y asientes, pero por dentro piensas que no ven absolutamente nada de lo que hay detrás. No ven el insomnio crónico que te consume por las noches, los calambres punzantes en las piernas, el dolor de espalda y cuello que no cede, ni los problemas de visión. Es un cansancio constante, un desgaste silencioso y profundo que los demás simplemente no perciben.
Y cuando rascas un poco en el pasado, la cosa no se aligera. Hablándolo en terapia me he dado cuenta de que arrastro la sensación de no haber tenido nunca una vida "normal" o del todo plena. Desde los 13 o 14 años ya estaba asumiendo responsabilidades en el bar, combinando los estudios con trabajar todos los fines de semana. Si a esa mochila histórica le sumas el vacío inmenso por el fallecimiento de mis padres, mis batallas diarias con la salud, el estrés por la inminente operación de mi hermana y la complicada situación de Nati con sus padres... a veces siento que la vida, sencillamente, me pesa demasiado.
Hay ratos en los que me rebelo contra todo esto y la rabia asoma. Para intentar canalizarlo, Andrea me ha dejado "deberes": me ha pedido que escriba en un papel quién soy realmente.
Supongo que el objetivo es obligarme a conectar con el Álvaro de siempre. El reto es redescubrir a ese Álvaro que se pierde en las páginas de un buen libro, el que disfruta pedaleando, el que se pone a escuchar buen rock para desconectar o el que se relaja cuidando de sus plantas, y no dejar que mi identidad se reduzca únicamente a la versión que sufre.
La semana que viene me toca visita con el neurólogo para revisar la medicación. A ver si hay suerte y encontramos algo de alivio. Pero hoy, siendo del todo sincero, os confieso que hay días en los que me levanto sin una sola gota de energía, días en los que mi único plan y mi única voluntad es quedarme mirando al techo.
Es una maraña mental muy difícil de desenredar. Pero bueno, aquí sigo, asomándome a El vicioso errante buscando el rumbo y tecleando para soltar lastre.
Gracias por estar al otro lado y leerme.
Un abrazo. ❤️🩹
Comentarios
Publicar un comentario