El periodo de prueba: ese pequeño trámite donde algunos creen que las leyes son sugerencias
Resulta enternecedor ver cómo algunos empresarios y gurús de la gestión de personas se llevan las manos a la cabeza cuando alguien les recuerda que, efectivamente, el periodo de prueba tiene una normativa, unos límites y, sobre todo, una función que no es precisamente la de jugar al "juego del calamar" con la estabilidad de los trabajadores.
Al parecer, para ciertos sectores de nuestra clase política —esos mismos que se llenan la boca con la "libertad de empresa" mientras ignoran sistemáticamente que los derechos laborales no son opcionales—, esto de garantizar que una persona no sea despedida por estar embarazada o por encadenar contratos haciendo lo mismo de siempre es un engorro burocrático.
Es curioso, ¿verdad? Mientras el PP y Vox se ocupan de cuestiones mucho más "trascendentales" para la patria, parece que asegurar que un trabajador no sea un juguete de usar y tirar les resulta una pérdida de tiempo.
Pero vamos a lo importante: ¿qué dice la realidad, esa que ignoran en sus programas electorales?
¿Hacer lo mismo dos veces?
Pues resulta que el pacto de prueba es nulo si ya desempeñaste esas funciones en la empresa. ¡Sorpresa! No se trata de probar al trabajador, se trata de no abusar del formato para mantener a alguien en un limbo eterno.
¿Protección frente a la arbitrariedad? Durante el periodo de prueba, se tienen derechos y obligaciones como cualquier otro miembro de la plantilla.
Y, ojo al dato: si eres una trabajadora embarazada, el despido es nulo. Sí, aunque les cueste procesarlo en ciertos despachos, la maternidad no es una falta de rendimiento.
¿Interrupciones? Si te pones enfermo, si eres víctima de violencia de género o si tienes una situación de riesgo, el periodo se interrumpe.
Básicamente, se reconoce que el trabajador es una persona, no un algoritmo de productividad.
Es fantástico ver que, aunque algunos sueñen con una legislación laboral sacada de los tiempos de la Revolución Industrial, el marco legal básico protege lo más elemental.
Sería estupendo que los señores del "patriotismo empresarial" dedicaran un poco de ese tiempo que pasan en tertulias a leerse el Estatuto de los Trabajadores.
Quizás así descubrirían que, para que una empresa funcione, no hace falta saltarse los derechos básicos a la torera, sino saber gestionarlos.
Pero claro, ¿para qué cumplir la ley cuando es mucho más fácil hacerse la víctima y pedir barra libre para despedir a discreción?
Menos mal que, al menos por ahora, los derechos están ahí para recordarnos que, a veces, la ley también está del lado de los que curran.
Comentarios
Publicar un comentario