El gurú en el espejo: cómo alcanzar la iluminación absoluta (o morir en el intento)
¿Alguna vez han sentido esa irrefrenable urgencia de que alguien les diga que todo es cuestión de actitud? Ya saben, ese tipo de frases que parecen salidas de una galleta de la fortuna que se tomó demasiado en serio a sí misma.
El Dr. Mario Alonso Puig nos regala hoy una perla que, si la analizamos con la calma de quien no tiene una hipoteca variable o una reunión de vecinos mañana a las ocho, es casi enternecedora.
La cita reza así: "Si te lo propones, serás capaz de mantenerte sereno ante las adversidades y los retos. Dentro de ti hay muchos más recursos de los que te imaginas. Tu pasado no tiene por qué determinar tu futuro."
Maravilloso. Sencillo. Prácticamente mágico.
El milagro de la serenidad de saldo...
Es fascinante cómo la psicología moderna —o esa versión masticada y digerida para consumo masivo— nos insiste en que la serenidad es una decisión, como elegir entre café o té por la mañana. "Si te lo propones", dice. Claro. Porque, evidentemente, la razón por la que perdí la paciencia el martes pasado en el atasco de la M-40, o por la que me puse como una fiera ante un borrador de convenio colectivo redactado por alguien que parece haber cursado sus estudios en el reverso de una caja de cereales, es porque simplemente no me lo propuse con suficiente intensidad.
¡Qué error el mío! De haber tenido la intención, podría haber meditado en pleno carril central mientras los cláxones formaban una sinfonía de irritación humana.
Esos "recursos ocultos" que nadie encuentra...
"Dentro de ti hay muchos más recursos de los que te imaginas". Esta es mi parte favorita. ¿Dónde están escondidos? ¿En algún compartimento estanco junto a la paciencia que perdí en la adolescencia o en el fondo del cajón donde guardo los cables de cargadores de móviles que ya ni existen?
Imagino al Dr. Puig abriendo una trampilla en nuestro cerebelo y sacando de ahí, como un mago sacando conejos de una chistera, una reserva secreta de estoicismo puro. "¡Mira, aquí tenías una voluntad de hierro, solo tenías que buscarla mejor!". Si efectivamente hay recursos escondidos, seguramente están esperando a que ocurra algo realmente catastrófico para salir, porque en mi día a día lo único que encuentro al buscar en mi interior es un hambre voraz o, en el mejor de los casos, la letra de una canción de los 90 que no debería recordar.
El pasado es solo un mal recuerdo (dicen)...
Y luego, el cierre épico: "Tu pasado no tiene por qué determinar tu futuro". Qué liberador. Si mañana decido dejar de ser quien soy, ignorar mi trayectoria, mis errores y las facturas pendientes de la vida, simplemente ocurrirá por el poder de mi mente. Es el equivalente psicológico a intentar arreglar un motor averiado simplemente dándole unas palmaditas en el capó y convenciéndolo de que, en realidad, es un Ferrari.
No me malinterpreten: el optimismo es un ejercicio excelente, especialmente si se practica lejos de la realidad. Pero hay algo profundamente divertido en esta narrativa de que somos arquitectos de nuestra propia calma inquebrantable, como si el estrés, el cansancio y las circunstancias externas fueran meros invitados a los que podemos invitar a salir simplemente con una mirada gélida y un pensamiento positivo.
Quizás, la próxima vez que el mundo se ponga difícil, en lugar de intentar solucionar los problemas, me siente en posición de loto, cierre los ojos y me repita el mantra: "Tengo recursos. Soy sereno. Mi pasado no es nada".
Probablemente, el problema seguirá ahí cuando abra los ojos, pero al menos habré pasado un rato estupendo intentando convencerme de que soy un ser ascendido. Y, seamos sinceros, esa es la verdadera victoria.
¿Y ustedes qué opinan?
¿Han encontrado ya ese baúl de recursos ocultos, o siguen como yo, tirando de lo poco que queda a finales de mes?
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