El fascinante arte de encasillar al trabajador (y otras ficciones de la oficina)
Ah, el maravilloso mundo del derecho laboral y sus intentos románticos por poner orden en el caos de la oficina.
Hoy ha caído en mis manos un compendio de sabiduría sobre la clasificación profesional, los ascensos y la movilidad funcional.
Un texto precioso, redactado con el optimismo de quien cree que las empresas se gestionan con un compás de precisión y no con el clásico "ve tirando y luego ya vemos".
Vamos a destripar esta idílica fantasía jurídica, porque no tiene desperdicio.
1. El "Grupo Profesional" o cómo llamarte polivalente para no pagarte más...
Dice la norma que nos agrupan en "grupos profesionales" según nuestras aptitudes, titulaciones y el contenido de la prestación. Hasta aquí, impecable. Lo divertido llega cuando el contrato dice que puedes hacer todas las funciones del grupo o solo algunas.
Y si te toca la lotería de la "polivalencia funcional" (ese eufemismo corporativo para decir que haces el trabajo de tres personas), la equiparación se hará en virtud de las funciones que desempeñes durante mayor tiempo. Es decir, que si pasas el 51% de tu tiempo apagando fuegos de un nivel superior y el 49% haciendo lo tuyo, en teoría te pertenece lo primero. Buena suerte cronometrando tus tareas diarias con un látigo en la mano para demostrárselo a Recursos Humanos.
Eso sí, todo esto garantizando la ausencia de discriminación de género. Faltaría más. Para ello exigen criterios de adecuación, totalidad y objetividad. Nos explican, con total seriedad, que la objetividad implica que los salarios no deben depender de "valoraciones sociales que reflejen estereotipos de género". Una forma muy elegante de admitir que, si por algunos fuera, seguiríamos justificando diferencias salariales porque "él tiene una familia que mantener".
Bienvenidos al siglo XXI, aunque sea sobre el papel.
2. Ascensos: El Olimpo de la formación, los méritos... y las "facultades del jefe"...
Pasemos al tierno capítulo de las promociones. Según los textos sagrados, los ascensos se regulan por convenio y deben tener en cuenta la formación, los méritos y la antigüedad. Pero —¡ay, el glorioso matiz!— también se tienen en cuenta las "facultades organizativas del empresario".
Traducido al castellano de a pie: puedes tener tres másteres, hablar cuatro idiomas y llevar diez años picando piedra, que si la "facultad organizativa" (coloquialmente conocida como "dedocracia") decide que el puesto es para el sobrino del director, te quedas como estás.
Pero oye, si el cuerpo te pide fiesta, siempre puedes reclamar tu "promoción económica" en los términos fijados en tu contrato. Seguro que la respuesta de la empresa será inmediata y generosa.
3. Movilidad funcional: El juego de las sillas musicales
Y llegamos a mi parte favorita: el pluriempleo encubierto, también conocido como movilidad funcional.
¿Que te mandan a hacer funciones inferiores?
No pasa nada, te prometen que mantendrás tu retribución de origen. Un consuelo magnífico: vas a hacer tareas que no te corresponden, pero al menos no te bajan el sueldo.
El orgullo herido no cotiza a la Seguridad Social, por lo visto.
¿Que te encomiendan funciones superiores?
Aquí la burocracia se pone seria. Si estás más de 6 meses en un año (o más de 8 meses en dos años) haciendo el trabajo del de arriba, ¡enhorabuena! Tienes derecho a reclamar el ascenso y la diferencia salarial.
Imagino a los gestores de equipos con el calendario en la mano, cambiándote de funciones justo en el mes cinco y veintinueve días para que el contador vuelva a cero. "Oye, Manolo, vuelve a tu mesa a hacer fotocopias una semana, no sea que te creas que eres el director de operaciones". Y si la empresa te dice que no, no te preocupes: solo tienes que buscar un informe de la representación legal, armarte de paciencia y reclamar ante la jurisdicción social. Un plan de tarde divertidísimo y nada estresante.
Conclusión...
En resumen, la normativa está muy bien para decorar las estanterías de los despachos. Nos dibuja un ecosistema de trabajadores polivalentes, valoraciones objetivas y ascensos meritocráticos.
Luego abres la puerta de la oficina y te das cuenta de que la verdadera "movilidad funcional" es sobrevivir al día a día sin que te endosen el trabajo del que se acaba de ir la empresa sin cubrir su baja.
¡Feliz jornada laboral a todos!
Y no olvidéis mirar el cronómetro, no vaya a ser que estéis haciendo funciones superiores gratis.
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