Crónica de una existencia vicaria (o cómo ser un absoluto don nadie)
Ya estamos otra vez aquí. Sí, esa pequeña pausa necesaria entre el café de media mañana y la inútil revisión de correos electrónicos.
Hoy me ha dado por leer a Andrés Trapiello y su poema La vida fácil. Y, honestamente, me siento personalmente atacado, aunque en el fondo agradezco la dosis de realidad.
Trapiello, con esa delicadeza de quien te da una bofetada con guante de seda, nos retrata exactamente como lo que somos: turistas de nuestras propias vidas.
El arte de vivir de prestado...
El autor arranca con esa maravillosa capacidad nuestra para "vagar los días grises" mientras nos convencemos de que nuestra vida rebosa de la vida de otros. Es brillante.
¿Quién necesita una personalidad propia o un propósito cuando puedes alimentarte de las migajas de las vidas ajenas en Instagram, en la terraza de un bar o escuchando a escondidas la conversación de la pareja de la mesa de al lado?
Vivir a través de los demás es, sin duda, la actividad favorita del siglo XXI. Es mucho más cómodo que esforzarse en construir algo que no sea un castillo de naipes.
La soberbia del "mañana"
Pero lo mejor es cuando llegamos al delirio de grandeza: ese momento en que nos creemos el "alto mundo lleno" que habitarán los que vendrán después.
Por favor. Si los que vienen después apenas pueden mantener el nivel del mar donde está, ¿qué clase de legado pretenden encontrar aquí?
Es enternecedor pensar que nuestra mediocridad será vista por las generaciones futuras como una etapa gloriosa. Spoiler: no lo será.
El veredicto de los gorriones...
Y aquí llega el golpe de gracia, el momento en que Trapiello deja de ser sutil.
Los gorriones. Esos pequeños oportunistas que saltan entre los coches, ajenos a nuestras crisis existenciales y a nuestras imposturas, nos ven pasar.
Ellos saben perfectamente que vamos, que venimos, que "suponemos" que hacemos algo importante. Y no nos desengañan.
Ni siquiera se molestan en reírse de nosotros. Simplemente, nos ignoran mientras buscan una miga de pan.
En resumen: un poema excelente para leer mientras finges que tienes un plan para el resto del día. Lo único que me queda claro es que, si hasta los gorriones tienen claro nuestro papel de figurantes en esta película, quizás deberíamos dejar de tomarnos tan en serio.
O no.
Total, para lo que queda de tarde, tampoco íbamos a hacer nada útil.
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