Cómo "Nocturnos" de Javier Pérez Campos arruinó mi vida (y por qué te recomiendo que hagas lo mismo)

Hola a todos. 

Hoy escribo desde mi nueva cueva personal, una habitación con todas las persianas bajadas y la luz de una vela (no aromática, por favor, solo para no tropezar con mis propias miserias). 

Y la culpa la tiene un hombre. 

Un hombre llamado Javier Pérez Campos y su nuevo libro, "NOCTURNOS".

Verás, mi vida era sencilla. Yo dormía. Mis ojeras eran normales. No miraba debajo de la cama. Javier decidió que esto tenía que cambiar. Qué detalle.

Todo empezó con la portada. Un diseño oscuro y gótico que te dice: "Hey, esto va a ser un paseo relajante". Claro. Y el eclipse en el centro, ¿qué es? ¿Un portal al insomnio eterno o solo la pupila dilatada de un lector a las tres de la mañana? Creo que lo segundo. Con esa tipografía de heavy metal que te dice: "prepárate para la oscuridad". Gracias por el aviso.

Y luego está la frase. Esa frase malvada en la portada: "NADA NOS HACE SENTIR MÁS VIVOS QUE VER SALIR EL SOL Y SABER QUE HEMOS SOBREVIVIDO A OTRA NOCHE".
JA. JA-JA.

Permítanme que me ría con mi risa hueca de zombie. Porque yo no sobreviví a la noche. La noche me devoró. He pasado más tiempo mirando fijamente mi techo que leyendo el libro. Porque, verán, el "querido" Javier tiene un talento. 

El muy desconsiderado escribe demasiado bien. Sus historias no se quedan en el papel. Él no solo cuenta misterios, él crea atmósferas. Te mete en tu propia casa un clima de "estoy-seguro-de-que-eso-no-era-un-ruido-del-viento" que te paraliza.

El libro es una recopilación insoportablemente absorbente de historias, testimonios y reflexiones sobre lo desconocido, lo que acecha cuando las luces se apagan. Y te lo cuenta con esa voz que te hace dudar de tu propia cordura. 

Porque, claro, ¿para qué quieres salud mental cuando puedes tener paranoias existenciales de primer nivel?
El libro es, sinceramente, un desastre para tu cutis. No te hidrates la cara si vas a leerlo, tus lágrimas de puro terror y desesperación harán el trabajo. 

Gracias, Javier. Gracias por obligarme a comprar bombillas inteligentes de colores para simular el día a las tres de la mañana. 

Gracias por hacerme gastar mi salario en un sistema de seguridad avanzado para un apartamento que solo tiene dos sillas y un cactus. El cactus ahora me mira raro, por cierto.

Así que, si eres un ser humano sensato que valora sus 8 horas de sueño y su capacidad para caminar por el pasillo a oscuras sin el corazón en la garganta, aléjate de este libro. No lo toques. No lo mires. Corre.

Pero si, como yo, tienes un deseo masoquista de sentir que el mundo es un lugar mucho más oscuro y fascinante de lo que pensabas, si disfrutas de la sensación de que algo te respira en la nuca (no, no es tu gato), entonces cómpralo. 

Es una obra de arte insoportablemente bien escrita que te atrapa y no te suelta. Javier Pérez Campos, te odio. Y te adoro. Pero sobre todo, odio que tu libro sea tan bueno que me obligue a sobrevivir a otra noche solo para leer un capítulo más.

Nota para el editor: No sé si sobreviviré para la próxima entrada. Por si acaso, adiós. Y gracias por nada, Javier. No, en serio, gracias. 

Me has devuelto la magia (y el terror) a mi aburrida existencia. 

5 estrellas de 5, maldita sea.

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