Neuropatía Diabética Periférica: Ese "regalito" que nadie pidió y que no se puede devolver

¿Sabéis eso de que la diabetes te da "regalos"? No hablo de los glucómetros de diseño ni de los parches que te hacen sentir como un cyborg de serie B. 

Hablo de la Neuropatía Diabética Periférica (NDP). Ese invitado inesperado que se cuela en tus pies, se instala sin pagar alquiler y decide montar una fiesta de fin de año cada vez que intentas dormir.

La Asociación Diabetes Madrid y los amigos de Grünenthal han lanzado una campaña para que dejemos de normalizar este dolor. Y tienen razón, aunque yo prefiero verlo como que por fin alguien se ha dado cuenta de que, cuando digo que me duele, no es porque me guste dramatizar para atraer atención, sino porque realmente parece que mi sistema nervioso decidió pasar por una fase experimental de performance artística.

El catálogo de torturas (o cómo saber si tus pies son el enemigo)...
Si últimamente sientes que tus pies tienen vida propia y que esta es, en realidad, bastante sádica, quizás te interese este inventario de sensaciones. 

A ver cuántas puedes marcar en tu cartón de bingo:
El hormigueo infinito: Ese clásico de «pie dormido» que, al contrario que en las películas, no desaparece al moverlo. Es un masaje estático eterno que nadie te ha pedido.

El modo «camino sobre brasas»: ¿Quién necesita un spa con piedras calientes cuando puedes tener los pies ardiendo en llamas sin necesidad de fuego real? Es una experiencia muy inmersiva, la verdad.

El juego de los dardos: ¿Sientes pinchazos de agujas? Felicidades, tu cuerpo ha decidido que eres un alfiletero humano.

La versión eléctrica de saldo: Chispazos que recorren tus piernas. Es como si llevaras una batería de coche conectada al tobillo, pero sin la potencia necesaria para encender nada útil.

La sensibilidad de la seda (o el horror de las sábanas): Cuando el simple roce de la sábana por la noche te hace querer arrancar el edredón a mordiscos. Una joya para el descanso.

Guía para que tu médico no te mire como si fueras un alienígena

El problema de ir a consulta con esto es intentar explicar lo inexplicable. El médico, con su cara de póker, espera un «me duele», pero tú estás lidiando con un festival de sensaciones eléctricas y térmicas. 

Para la próxima visita, vamos a dejar de decir «me duele» y a empezar a hablar en su idioma:
Dale nombres al caos: No digas «me duele». Dile: «Doctor, hoy tengo una sesión de acupuntura espontánea en el empeine» o «Mis pies han decidido que hoy son una estufa de inducción a máxima potencia».

Ponle horario: ¿Es por la noche cuando el festival se anima? Avisa. 

Que sepan que tu insomnio no es por ver series, sino por culpa de los chispazos.
Cuéntales el daño colateral: ¿Te impide caminar? ¿Te hace odiar la existencia cuando las sábanas te tocan? Sé específico. 

Cuanto más les incomode escucharlo, más probabilidades hay de que se tomen en serio que esto no es un dolor normal.
En fin, la neuropatía es una lata, pero ignorarla es deporte de riesgo. Identificar el síntoma es el primer paso para tratarlo y, quién sabe, quizás hasta para poder dormir una noche sin sentir que tus pies están protagonizando una película de terror de serie B.

¡Tu bienestar cuenta! 

(Y si alguien sabe cómo apagar los fuegos de los pies, que lo deje en los comentarios).

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