El Gran Dictador: Esa vez que Chaplin nos explicó que el fascismo estaba feo y los Óscar miraron para otro lado

¡Hola, lectores! 

Hoy nos ponemos nostálgicos y un poco cínicos (quizás más de lo habitual) gracias a un pequeño texto que me he encontrado sobre El gran dictador de Charles Chaplin. Resulta que se cumplen 50 años (según este recorte, al menos) de su estreno en el ya difunto cine Alcázar de Barcelona.
Vamos a desgranar esta maravilla de la historia del cine y la ironía humana.
El ego de cristal y la miopía de Hollywood
Para los que anden despistados, esta joyita se rodó en 1940. Sí, Chaplin tuvo la audacia de hacer una sátira política y social sobre Adolf Hitler mientras el tipo estaba en su apogeo. ¿Cómo reaccionó el mundo?

La rabieta del Generalísimo: Nuestro queridísimo Francisco Franco, haciendo gala de ese maravilloso sentido del humor y tolerancia que le caracterizaba, decidió prohibir la película durante 35 añazos. Supongo que ver a un dictador totalitario retratado como un payaso histérico y ridículo hería demasiadas sensibilidades en El Pardo. ¡Qué piel más fina!

El "gran" triunfo en los Óscar: La película fue el mayor taquillazo de la carrera de Chaplin. El público la amó porque, bueno, burlarse de los tiranos siempre relaja tensiones. ¿Y la Academia de Hollywood? La nominó a cinco codiciados premios Óscar y... no le dio absolutamente ninguno.

Porque claro, ¿quién quiere premiar una obra maestra que condena el nazismo, el fascismo y el antisemitismo cuando seguramente había algún otro drama de la época que lo merecía mucho más? Prioridades de la industria, señores.
"Ups, creo que me pasé de gracioso"

Lo más fascinante de este texto es la confesión del propio Chaplin a toro pasado. Años más tarde, el director admitió que se arrepentía de haberle dado un trato "frívolo y humorístico" al asunto, y que de haber sabido la verdadera magnitud de los crímenes nazis, jamás habría rodado el film.

Ay, Charlie... Qué ingenuidad pensar que podías exagerar la maldad humana con tu comedia. Resulta que la realidad no solo superó a tu ficción, sino que la dejó a la altura del betún. Te sentiste mal por hacer chistes sobre un tipo que resultó ser uno de los mayores monstruos de la historia.

La lección que seguimos sin aprender...
A pesar de los remordimientos de su creador, los críticos modernos (esos que siempre llegan tarde para decir que algo es bueno) la elogian hoy como una obra vital para la sensibilización ante los horrores de la guerra.
El texto menciona que el famosísimo discurso final del barbero es un hito de la historia del cine y que "sigue teniendo mucho sentido en la actualidad como un valioso mensaje de esperanza y humanidad".

Y aquí estamos, tantas décadas después, asintiendo con la cabeza y aplaudiendo lo "actual" que sigue siendo ese discurso. Lo cual es una forma muy elegante de admitir que, casi un siglo después de que un comediante del cine mudo empezara a hablar para rogarnos que no nos destruyéramos los unos a los otros, seguimos tropezando exactamente con la misma piedra.

¡Un aplauso para la humanidad, que nunca nos decepciona en su infinita capacidad para no aprender absolutamente nada!

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