¡Alerta roja!: El drama empresarial de no poder despedirte cuando cambian de logotipo

Hoy nos hemos levantado con el cuerpo un poco técnico. Concretamente, con esa maravillosa palabra que a los amantes del libre mercado salvaje les genera urticaria, espasmos y la imperiosa necesidad de invocar el espíritu de Margaret Thatcher: la subrogación. 

Sí, esa maravillosa ficción legal (artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores, para más señas) que dice que si una empresa cambia de manos, tu contrato no se evapora mágicamente en el aire del progreso capitalista. 

Qué contrariedad, ¿verdad?
Imaginen el drama para el ala más entusiasta de nuestra derecha patricia. Esa maravillosa entente entre el populismo liberal del PP y las esencias patrias de Vox, cuyo modelo de "libertad" ideal consiste en que el empresario pueda despedirte con un apretón de manos —o un burofax de madrugada— cada vez que decide cambiar el logotipo de la furgoneta. 

Para ellos, que la ley obligue al nuevo dueño a quedarse con los trabajadores y a respetar sus derechos laborales es, como poco, la antesala del gulag.

Pero resulta que estas medidas, por mucho que le pesen a la factoría de titulares de la derecha, son las que separan la civilización de la selva laboral. Vamos a repasar algunas de estas "herejías socialistas" que, curiosamente, salvan la vida a miles de trabajadores todos los días:

1. El milagro de conservar los derechos (y las pensiones)...
Dice la norma que el nuevo empresario se subroga en los derechos y obligaciones del anterior. Es decir, que si te compras el chiringuito, te lo compras con todo: con las mesas, con las sillas y con la antigüedad de la plantilla. Nada de "borrón y cuenta nueva" para abaratar costes de despido. E incluso —¡oh, sorpresa!— se heredan los compromisos de pensiones. Un absoluto ultraje para quienes piensan que el único compromiso empresarial que debe existir es el del bonus del consejo de administración.

2. Responsabilidad solidaria: el truco de la estampita ya no vale...
A los amigos de la ingeniería financiera les encanta eso de vender la empresa a una sociedad fantasma con sede en un paraíso fiscal y dejar los pufos en España. Pues resulta que la ley establece que el cedente y el cesionario responden solidariamente durante tres años de las obligaciones laborales anteriores que no se hubieran pagado. Y si la cesión se declara delito, también de las posteriores. Un auténtico drama para el manual del buen comisionista.

3. El convenio se queda donde está...
¿El sueño de la libertad de mercado? Absorber una empresa y meter a toda la plantilla directamente en el convenio más precario que encuentres en el mercado de saldos laborales. Pues no. El convenio de origen se mantiene vivito y coleando hasta que expire o se firme uno nuevo. Salvo, claro, que haya un pacto en contrario con la Representación Legal de las Personas Trabajadoras (RLPT). Sí, esos molestos intermediarios que la derecha desregularizadora eliminaría mañana mismo en nombre de la "negociación individual" (esa bonita asimetría donde tú negocias tu sueldo frente a un fondo buitre).

4. ¿Informar? ¿Negociar de buena fe? ¡Qué ordinariez!...
Pero lo que ya roza el comunismo más flagrante para el populismo de bandera y pulserita es la obligación de informar y consultar.
Tienen que decirle a la RLPT (o a los trabajadores si no la hay) la fecha, los motivos y las consecuencias de la transmisión con la suficiente antelación.

Si se van a tomar medidas traumáticas (como traslados colectivos o modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo), hay que abrir un periodo de consultas y negociar de buena fe.

¿Se imaginan el sufrimiento de un gestor ultraliberal teniendo que explicarle a los trabajadores por qué hace las cosas y sentándose a negociar de buena fe, en lugar de imponerlas por real decreto y gracia divina? Es desgarrador.

En definitiva, frente a esa cantinela tan de moda de que la mejor regulación es la que no existe y que los derechos laborales son "trabas a la inversión", la realidad nos demuestra que son estas reglas de juego las que aportan estabilidad real a la economía. Porque la libertad de la que nos hablan algunos no es la de competir mejor, sino la de explotar con total impunidad.

Menos mal que, de vez en cuando, el derecho laboral recuerda que las personas no vienen incluidas en el lote de mudanza como si fueran sillas de oficina. 

Aunque a algunos les cueste una úlcera aceptarlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Valentín González Prieto: hoy, en la supraconciencia, vuelve a cumplir años

Trazado arquitectónico para un campesino en el Oriente Eterno: el taller resiste, pero mis columnas se oxidan, Valen.

La invisibilidad de mi lucha. Más allá del "yo te veo muy bien".