Traidor tú, traidor yo: Guía rápida para pulsar el botón nuclear y cargarnos el sistema
Hacer oposición tradicional es de una vulgaridad que espanta. Eso de presentar enmiendas, debatir leyes, negociar presupuestos o proponer alternativas es tan del siglo XX que aburre a las ovejas. ¿Para qué vas a hacer política cuando puedes montar un thriller de espionaje y alta traición antes de la hora del vermú?
Nuestros ilustres defensores de las esencias, el Partido Popular y Vox, han decidido que la política parlamentaria se les queda pequeña. Así que han desempolvado el artículo 102 de la Constitución. Suena imponente, ¿verdad? Suena a algo que diría un juez con peluca en una película de época justos antes de mandar a alguien a la Torre de Londres.
El Club de la Alta Traición...
Para los que no tengan la Carta Magna en la mesilla de noche, el artículo 102 establece que la responsabilidad criminal del Presidente y de los ministros será exigible ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Pero la verdadera "joya" está en su segundo punto: si la acusación es por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado, la iniciativa tiene que salir de la cuarta parte del Congreso y aprobarse por mayoría absoluta.
Traición. Palabras mayores.
Uno se imagina a ministros vendiendo planos de bases militares a potencias extranjeras en callejones oscuros, o a un Presidente hackeando los servidores del CNI con un pasamontañas. Pero no. En la España del siglo XXI, el umbral para la "traición" ha bajado tanto que podrías tropezar con él. Hoy en día, la "alta traición" es, básicamente, aprobar cosas que a la derecha no le gustan o pactar con quien no deben.
Es una estrategia brillante: si no tienes los votos para ganar una moción de censura (que es el mecanismo democrático normal para cambiar un gobierno), simplemente intentas meter al gobierno en la cárcel por conspirar contra la nación. Un plan sin fisuras.
Cuando el botón nuclear se convierte en un juguete...
Y aquí es donde la ironía deja paso al escalofrío. Porque la broma, en el fondo, tiene muy poca gracia.
Invocar el artículo 102 para dirimir discrepancias políticas, por muy profundas o polémicas que sean estas (amnistías, pactos parlamentarios o cesiones competenciales), es jugar a los bolos con las instituciones del Estado.
Este es el verdadero riesgo democrático:
Banalización del lenguaje: Si todo es "traición", la palabra pierde su significado. Si cualquier política gubernamental que rechazas es "un golpe de Estado", te quedas sin diccionario para cuando ocurra un golpe de verdad.
Criminalización de la política: El artículo 102 está pensado para proteger al Estado de amenazas existenciales reales y criminales, no para ser usado como una rabieta parlamentaria glorificada. Usar la justicia penal para invalidar la aritmética parlamentaria es admitir que no aceptas las reglas del juego cuando no te favorecen.
Erosión institucional: Cuando intentas convencer a los ciudadanos día tras día de que su gobierno es ilegítimo, criminal y traidor, estás sembrando una desconfianza tóxica que no desaparece mágicamente cuando cambias de gobierno. Estás quemando la casa para asar las salchichas.
Conclusión: Democracia de trinchera...
En un país normal, las diferencias sobre la estructura territorial o las leyes se resuelven en el Tribunal Constitucional y en las urnas. Pero claro, eso no da titulares tan jugosos como hablar de traidores a la patria en prime time.
PP y Vox parecen haber olvidado que la Constitución que tanto dicen defender no es un menú a la carta ni un arma arrojadiza para meter a la oposición política en el calabozo. Jugar con el artículo 102 no es "defender España", es tensionar las costuras de nuestra democracia hasta ver si, con un poco de suerte, finalmente se rompen.
Pero oye, igual soy yo, que me tomo estas cosas muy a pecho. Voy a hacerme una tila, que con tanta traición suelta me ha entrado ansiedad.

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