¡Milagro en Valdebebas! Cómo Florentino, los Aguirre y el "capitalismo de amiguetes" nos vuelven a salvar la vida (con la bendición de PP y Vox)
Abran paso, dejen sitio y, sobre todo, saquen las carteras, porque la magia madrileña ha vuelto a suceder. Sí, amigos, esa maravillosa disciplina alquímica en la que el suelo público y el dinero de tus impuestos se transforman, por arte de birlibirloque, en el tablero de Monopoly privado de los cuatro de siempre.
El pasado 3 de julio, nos desayunamos con una de esas noticias que te reconcilian con el ser humano... si eres multimillonario o tienes un apellido de la aristocracia del barrio de Salamanca, claro.
El Ayuntamiento de nuestro ínclito alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ya ha puesto en marcha la maquinaria para que el Real Madrid (es decir, Su Florentineza Pérez) levante su enésimo monumento al ego y al negocio: el Madrid Innovation District (MID).
Hablamos de una "parcelita" de nada: 1.200.187 metros cuadrados en Valdebebas. Una de las mayores bolsas de suelo urbano sin desarrollar que quedan en la capital. ¿Y qué pasa si el Plan General de Ordenación Urbana de 1997 dice que ahí no se puede edificar lo que a Florentino le apetezca? Pues se toca el Plan General y santas pascuas. Faltaría más.
En Madrid, las leyes urbanísticas son como los semáforos para los patinetes eléctricos: meras sugerencias.
Pero esperad, que aquí viene el giro de guion que nadie —absolutamente nadie— se esperaba. Para recalificar semejante mina de oro, el Área de Urbanismo del PP necesitaba un estudio económico previo. ¿Y a quién se lo han encargado? ¿A los funcionarios y técnicos municipales que ya pagamos entre todos con nuestros impuestos?
¡Por favor, qué ordinariez! Eso sería demasiado eficiente y dolorosamente transparente. Como bien señaló el concejal socialista Antonio Giraldo, para qué usar a los técnicos del Ayuntamiento si podemos externalizarlo.
El contrato, de unos modestos pero simbólicos 8.700 euros, se lo ha llevado Savills Consultores Real Estate. Si el nombre os suena a una marca de té británico, bajad a la tierra: Savills es la antigua Aguirre Newman. ¿Y quién preside la filial española? Santiago Aguirre Gil de Biedma. Sí, el hermano de Esperanza Aguirre. La lideresa, la de los "sapos", la de la Gürtel que "ella no sabía nada". ¡Qué casualidad tan hermosa! El mundo es un pañuelo y Madrid es un palco del Bernabéu.
Es conmovedor ver cómo el dinero público siempre encuentra el caminito de vuelta a las familias que tanto han dado por esta patria. Especialmente por la patria inmobiliaria.
Por supuesto, toda esta fiesta cuenta con la complicidad necesaria, entusiasta y ruidosa de los de siempre. En mayo de 2025 ya vimos la foto de presentación: Isabel Díaz Ayuso y Almeida haciéndole los coros a Florentino. Nos vendieron el proyecto como "el distrito tecnológico más importante de Europa". Nos prometen Inteligencia Artificial, big data, biotecnología, e-sports y hasta medicina deportiva. Todo hipermoderno, cosmopolita y con olor a futuro. Nos inundan con cifras mareantes: 1.200 millones anuales al PIB regional y 23.000 puestos de trabajo. Lo típico que se inventa una consultora en un PowerPoint un domingo por la tarde para justificar un pelotazo.
¿Y dónde está la "alternativa" de Vox en todo este asunto? Pues lo de siempre: envueltos en una bandera de España gigante para que no se les vea el cartón. Los mismos que se llenan la boca criticando a las "elites globalistas" y defendiendo al "español de a pie", se vuelven repentinamente ciegos, sordos y mudos cuando el dinero público riega las cuentas de la aristocracia del PP y de los grandes constructores.
Para Vox, si el pelotazo urbanístico lo da un Aguirre y beneficia a Florentino, ya no es "agenda globalista", es "libertad, carajo" y "capitalismo cristiano". Al final, su concepto de defender los barrios obreros consiste en asegurarse de que el hijo del obrero pueda trabajar de camarero sirviendo canapés en el palco VIP del nuevo distrito tecnológico.
Lo venden como el Madrid del futuro, pero huele a lo más rancio del pasado. Por mucho que lo envuelvan en papel de regalo con palabras como blockchain o genética, la realidad es la de toda la vida: recalificaciones a la carta, apellidos compuestos, poder político arrodillado ante el poder inmobiliario y los ciudadanos pagando la fiesta.
Nada cambia bajo el cielo de Madrid.
Circulen, que aquí no hay nada que ver... a menos que seas un Aguirre, en cuyo caso, ¡enhorabuena por el nuevo contrato!
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