La rebelión de mi dedo corazón: una tragedia en tres actos y un ayuno

Bienvenidos una vez más a El Vicioso Errante. 

Hoy no vengo a diseccionar la crudeza lírica de Barricada ni a filosofar sobre la condición humana tras sobrevivir a un maratón de Bestcycling. 

Hoy vengo a hablar de traiciones. Concretamente, la de mi propio cuerpo.

Resulta que a mis 51 años, mi dedo corazón de la mano izquierda ha decidido que ya ha trabajado suficiente. Sí, el tercer dedo. El dedo noble, el que usamos para expresar nuestros más profundos y sinceros sentimientos en los atascos o cuando el software del trabajo se cuelga. 

Según reza textualmente mi Informe traumatologico, tengo un flamante "Quiste de polea" y una "Tenosinovitis del tendón flexor profundo". Suena a conjuro de magia oscura o a una pieza defectuosa del motor de un scooter, pero básicamente significa que el tendón se ha engrosado y el dedo se me queda engatillado de la forma más ridícula posible.  

Así que el próximo lunes 20 paso por chapa y pintura. El Dr. Gallardo me ha programado una "microcirugía" para liberar la dichosa polea. Un plan verdaderamente inmejorable para arrancar la semana.  

Pero la verdadera comedia de todo este asunto no es la cirugía en sí, sino el circo preoperatorio. Si echamos un vistazo al documento, descubrimos las maravillosas recomendaciones de anestesia. 

Por lo visto, debido a mi medicación, mi estómago ahora se vacía a la misma velocidad que un glaciar en retroceso. ¿La consecuencia directa? Me exigen un estricto "AYUNO DE SÓLIDOS 24H PREVIAS A LA INTERVENCIÓN". Veinticuatro horas enteras a base de caldos desgrasados, infusiones y agua. Todo un festival gastronómico. 

Ya me veo el domingo por la noche brindando a solas con un vaso de agua tibia y soñando despierto con masticar algo que ofrezca un poco más de resistencia que el aire.

Y por si el hambre no fuera suficiente castigo, para rematar la humillación, el papelito de Anestesiología me suelta la estocada final en negrita y mayúsculas: "Debe venir acompañado SIEMPRE de un adulto". Vamos a ver. Que pinto canas en la barba, llevo gafas de señor que lee ensayos de Traverso, y cotizo lo suficiente como para saber lo que cuesta un kilo de tomates. 

¿De dónde saco yo a un "adulto" que sea más responsable que yo a estas alturas de la película? Supongo que tendré que buscar a alguien que me lleve de la manita hasta el quirófano, me limpie las babas de la sedación y se asegure firmemente de que no muerdo a nadie por el síndrome de abstinencia de carbohidratos.

En fin, deseadme suerte.... Prometo que, si sobrevivo al caldo desgrasado y a la reparación mecánica de mi dedo favorito, habrá crónica postoperatoria (probablemente tecleada con una sola mano y mucha más mala leche).

Mientras tanto, sed buenos y cuidad vuestras poleas, que nunca se sabe cuándo van a decidir declararse en rebeldía.

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