La deuda pendiente con la seguridad vial en los desplazamientos in itinere

Los accidentes in itinere, aquellos que ocurren durante el trayecto hacia o desde el lugar de trabajo, siguen siendo una de las asignaturas pendientes de la prevención laboral en muchas organizaciones. 

Aunque a menudo se perciben como inevitables o ajenos a la empresa, lo cierto es que representan un riesgo real y constante que afecta tanto a la salud de las personas trabajadoras como a la productividad y al clima laboral.

Una realidad que merece más atención: estrés, prisas y distracciones son los grandes enemigos de la seguridad vial, especialmente en trayectos diarios donde la rutina puede llevar a una falsa sensación de control. 

Esta idea, que puede parecer obvia, tiene implicaciones profundas. No se trata solo de conducir bien, sino de entender que nuestro estado mental —las emociones, las tensiones, la carga de trabajo— forma parte del vehículo tanto como el volante o los frenos.

Por eso resulta tan relevante que las medidas de prevención no recaigan exclusivamente en la persona trabajadora. 

La necesidad de que las empresas asuman un papel más activo. Iniciativas como horarios flexibles, teletrabajo, rutas o vehículos compartidos, y una adecuada planificación de desplazamientos pueden marcar la diferencia entre un trayecto seguro y un accidente evitable. No hablamos de privilegios laborales, sino de estrategias de seguridad que han demostrado reducir riesgos y mejorar la conciliación.

Del mismo modo, acciones individuales como no atender el teléfono, salir con tiempo o cumplir las normas de circulación no deberían interpretarse como simples consejos, sino como compromisos personales con la propia vida y la de quienes comparten la carretera. 

La seguridad vial no es una lista de obligaciones, sino una cultura: una manera de entender que todos formamos parte de un sistema donde cualquier error tiene consecuencias.

Pero para que esta cultura cale, es necesario que empresas y personas trabajadoras dejen de verse como partes enfrentadas y asuman una responsabilidad compartida. 

Una organización que presiona con horarios imposibles o que fomenta la disponibilidad permanente no puede exigir serenidad al volante. De igual forma, un conductor que prioriza contestar una llamada sobre su atención en la carretera tampoco puede escudarse en las prisas.
Los accidentes in itinere no desaparecerán de un día para otro, pero sí podemos reducirlos de forma significativa si entendemos que la prevención empieza antes de encender el motor. Empieza en la gestión del tiempo, en las políticas internas, en la tecnología bien empleada y, sobre todo, en la conciencia de que nada —ni una reunión, ni un correo urgente, ni llegar cinco minutos antes— vale más que la seguridad.

Algo esencial: la seguridad vial es una responsabilidad colectiva. 

Solo mediante soluciones compartidas podremos avanzar hacia un entorno laboral más humano, más racional y, sobre todo, más seguro.

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