El "Milagro" de la libre elección: un tour turístico-sanitario por Madrid
¡Paren las rotativas! Tenemos un nuevo récord. Y no, no es que hayamos bajado el tiempo de espera para una ecografía de "dos glaciaciones" a "una glaciación y media". El récord es de facturación.
Los hospitales de gestión privada (sí, esos que todos sabemos de quién son) se están bañando en billetes gracias a la joya de la corona: La Libre Elección.
1. Elige tu propia aventura (de 40 kilómetros). La "Libre Elección" es un concepto maravilloso. Es esa libertad democrática que te permite elegir entre:
esperar ocho meses a que te miren un bulto en el hospital público de tu barrio.
Irte mañana mismo al hospital gestionado por Quirón que está a tres municipios de distancia, cruzando dos peajes y una estepa castellana.
Es fantástico ver cómo fomentan el turismo interior. Si no terminas la consulta con el colesterol alto por el bocadillo que te has tenido que comer en la gasolinera de camino al especialista, es que no crees en el sistema.
2. ¿Una resonancia? ¡Haga cola en el parking!. Pero lo más vanguardista, lo más cyberpunk de nuestra sanidad, es la aparición de las unidades móviles. Esas furgonetas blancas aparcadas en la puerta de los hospitales de gestión privada.
Es una experiencia inmersiva. Te hacen la prueba en un camión, como si estuvieras en el puesto de churros de las fiestas del pueblo, pero con tecnología nuclear. Facturación récord, pero parece que no les llega para ampliar el edificio y meter la máquina dentro. O quizás es que la "gestión eficiente" consiste en que el paciente sienta la brisa del parking mientras se hace una RM magnética. Muy eco-friendly.
3. El misterio de la desaparición de las furgonetas.
Y aquí llega la pregunta del millón: ¿Por qué estas unidades móviles no están en las puertas de los hospitales 100% públicos?...
A) Porque en los públicos no hay espacio (falso: hay solares que parecen desiertos).
B) Porque a los públicos les gusta que la gente sufra demoras de un año por puro sadismo.
C) Porque si pones el camión en el público, el dinero se queda en el sistema público, y eso, amigos míos, es de una falta de elegancia financiera tremenda.
Es fascinante que la solución para agilizar las listas de espera solo sea "rentable" cuando la factura la firma una empresa con nombre de centauro griego.
Si la máquina está en el hospital de gestión privada, es "eficiencia"; si estuviera en el público, sería "gasto descontrolado".
En resumen...
Si tienes un dolor insoportable, prepárate para el road trip. Disfruta de las vistas de la M-40, saluda al conductor del camión de las resonancias y, sobre todo, no te quejes. Tienes la libertad de elegir entre esperar sentado en tu casa o desesperar al volante.
¡Viva la colaboración público-privada, carajo!
Especialmente la parte donde lo público pone el dinero y lo privado pone el camión en la puerta.
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