El maravilloso negocio de las renuncias en diferido (o cómo cotizar en el reino de los cielos)

Venga, admitámoslo: a todos nos cuesta decidir. Que si elegir una carrera, que si decidir entre Netflix o salir a correr, o la madre de todos los dilemas: elegir un camino renunciando a otros. 

Hay una joyita de Marcos 10, 28-31 titulada con un sugerente y nada sutil: “La opción del seguimiento”.

Y es que, amigos, el departamento de marketing del Más Allá sabe cómo cerrar un trato.

El "All-In" de Pedro y el plan de pensiones divino...
El pasaje arranca con Pedro haciendo lo que mejor se le da a la humanidad: pasar factura de inmediato. «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Vamos, el clásico “¿qué hay de lo mío?”.

La respuesta de Jesús no tiene desperdicio y redefine por completo el concepto de fondo de inversión. Promete que quien deje casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras por Él y por el Evangelio, recibirá:
¡Cien veces más ahora en este tiempo! (Casas, madres, hijos... una sobrepoblación familiar difícil de gestionar con los precios actuales del alquiler).
Con persecuciones. (La letra pequeña del contrato, que siempre viene en formato 'spoiler').

Y en la edad futura, vida eterna...
Cien veces más de todo a cambio de dejar a tu familia. Mirándolo fríamente, para más de uno, perder de vista a su cuñado y recibir a cambio un 10.000% de rentabilidad en bienes inmuebles suena a la inversión de su vida. Un negocio redondo, libre de impuestos e inmune a la inflación.

La profundidad ética: "No nos repartimos físicamente" (Por desgracia)...
El comentario de texto de la imagen es donde la "profundidad ética" alcanza su cénit filosófico. Nos regala una verdad incómoda, casi física cuántica para principiantes: «no podemos repartirnos físicamente en dos direcciones distintas». ¡Premio Nobel de la obviedad! Si voy a la cocina, no puedo estar en el salón. Si elijo el camino A, no estoy en el B. Fascinante.
Pero la pirueta ética de verdad llega al final. El texto se pregunta si haría falta esta promesa de cobrar cien veces más para los que optamos por este camino sin esperar compensaciones. La respuesta oficial es maravillosa: «Está claro que no, porque no buscamos aplausos ni premios...» pero oye, «no para mientes recibir un extra» (o como dice textualmente: no viene mal esta promesa para superar las persecuciones).

Es decir, que somos seres de luz altruistas que no buscamos recompensas... pero si nos prometen un bonus del mil por ciento y la inmortalidad por escrito, pues oye, se firma el contrato y se lleva uno el pack completo, que la vida está muy achuchada.
Conclusión: Los últimos serán los primeros (A ver si es verdad en la cola del súper)

El texto cierra con el famoso mantra: «Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros». Una frase reconfortante si estás en la cola de la frutería viendo cómo se te cuela una señora mayor, pero financieramente confusa.
En definitiva, la ética del día nos enseña que el desapego material y familiar es mucho más llevadero si te aseguran que vas a heredar el equivalente a tres monopolios enteros en la otra vida. Así que ya sabéis, si hoy os cuesta renunciar a algo, pensad en el porcentaje de beneficio. Al final, todo es cuestión de saber invertir en el bróker adecuado.

Amén (o lo que surja)...


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