El fascinante retroceso vintage: por qué el odio noventero es la nueva moda de temporada
¡Buenas noticias, amigxs de la nostalgia!
Si pensabas que el regreso de los pantalones de tiro bajo y las zapatillas de plataforma era lo peor que nos podía pasar, prepárate, porque el catálogo de las tendencias políticas viene pisando fuerte.
Vuelven los años 90. Pero no la ruta del bacalao ni los casetes rebobinados con un bolígrafo Bic, no. Vuelven las agresiones neonazis. Un aplauso para los clásicos, que nunca mueren.
A ver, hagamos memoria (sé que cuesta, que el algoritmo nos ha frito el cerebro). Resulta que ha salido alguien a decir una auténtica barbaridad, una de esas locuras radicales que atentan contra el buen gusto de la crispación diaria:
"Todos deberíamos ser antifascistas y todos deberíamos ser demócratas".
¡Paren las rotativas! ¿Cómo se le ocurre? ¿Ser antifascista y demócrata? ¿En pleno siglo XXI? Qué falta de originalidad, por favor. Con lo bien que se vive en el fango del "todos son iguales" y el "algo habrán hecho".
El manual del buen incendiario (edición política)...
Lo más bonito de este revival no son los muchachos rapados con complejo de superioridad y bates de béisbol —esos solo son los peones, los "artistas urbanos" del odio—.
Lo verdaderamente fascinante es el impecable trabajo de esos políticos que alimentan los discursos de odio constantemente.
Hay que reconocerles el mérito. Es un trabajo de artesanía diario:
Paso 1: Sueltas una frasecita deshumanizando a un colectivo (inmigrantes, lgtbi, el vecino que te cae mal, da igual).
Paso 2: Dices que es "libertad de expresión" y que "ya no se puede decir nada".
Paso 3: Te lavas las manos como Poncio Pilato cuando esos discursos se traducen en una paliza en una calle oscura.
¡Y voilà! Consecuencias mágicas.
"Eso ya lo viví, pero en plan bien"..
Los que tuvimos la suerte (nótese la ironía) de vivir los años 90 ya nos conocemos el caminito. Sabíamos perfectamente qué calles evitar y qué estéticas te costaban una visita al hospital.
Sufrimos aquello y pensamos: "Bueno, de todo se aprende, la sociedad avanza". Qué ingenuos éramos. No contábamos con el superpoder de la amnesia colectiva y la bendita impunidad de los atriles públicos.
Peligrosamente, está volviendo todo esto. Pero oye, mirémoslo por el lado positivo: al menos ahora las agresiones neonazis y los discursos de odio se pueden comentar con un meme en TikTok o debatir en un plató de televisión con música de tensión de fondo.
Al fin y al cabo, ¿qué es la democracia sino el derecho a debatir si el prójimo tiene derecho a existir sin que lo muelan a palos?
En fin, vayamos desempolvando las chaquetas vaqueras y el instinto de supervivencia.
Todo vuelve.
Menos la cordura, esa se quedó en el siglo pasado...
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