El arte de regar el suelo y cerrar el piano (muy intensamente)

Primero, leamos la obra en cuestión para empaparnos de su... atmósfera:
Estudio de piano en Ronda...

Un mundo empieza a retornar por la reja abierta. Aplazados sonidos, yunques de platero por el claro callejón de luna. Aun imperfectos, la noche de vosotros se llena, haciéndose más honda. Poco a poco, el tableteo de un lejano simón va alcanzando las notas. Cuando se han perdido los pasos del caballo, suena la tapa del piano, cerrando un empedrado que alguien riega.
— Andrés Trapiello

Anatomía de un drama nocturno andaluz...
A ver, Trapiello nos transporta a Ronda. Noche. Ventana abierta. Hasta aquí, el pack básico de poeta español del siglo XX. Pero analicemos los verdaderos puntos clave de esta odisea:

1. Los "yunques de platero" (O cómo quejarte de que el vecino ensaya mal)...
El poema empieza diciendo que por la reja entran "aplazados sonidos" que son como "yunques de platero". A ver, Andrés, traduzcamos esto al cristiano: hay alguien en el callejón dándole a las teclas del piano y el chaval está en primero de conservatorio. El poema dice literalmente "aun imperfectos". O sea, que están tocando mal.
Pero claro, si dices "el hijo de la Paqui no da una nota a derechas con el maldito piano", no te dan el Premio de la Crítica. Si dices que son yunques de platero bajo el callejón de luna, de repente la falta de ritmo es una metáfora preciosa sobre la artesanía del alma. Oro puro.

2. El caballo que se cuela en la partitura...
De repente, en mitad del concierto amateur, aparece el "tableteo de un lejano simón" (un carruaje, para los que no tenéis un diccionario de 1920 a mano). El sonido de los cascos del caballo "va alcanzando las notas".
Esto es maravilloso. El ritmo del caballo y el del pianista torpe se compenetran. Es el "Feat." más orgánico de la historia de la música: Pianista anónimo de Ronda (feat. Caballo cansado). Un temazo nocturno que hace la noche "más honda" (o más larga, según las ganas que tengas de dormir).

3. El gran clímax: El portazo y la manguera...
Y aquí llega el final cinematográfico. El caballo se va. El silencio vuelve. Y entonces... ¡PAM! "Suena la tapa del piano".
Se acabó la música. El pianista se ha frustrado o le han dado las diez de la noche. Pero ojo a la pirueta final: Trapiello nos dice que ese golpe de la tapa cierra, a la vez, "un empedrado que alguien riega".
Brillante. No solo ha cerrado el piano; ha cerrado la calle. Ha clausurado el pueblo entero. El poder de un portazo al teclado es tal que detiene el tiempo y la humilde tarea del paisano que estaba echando agua para refrescar el suelo. El pianista dice "hasta mañana" y el señor de la manguera tiene que congelarse en el sitio porque el espacio-tiempo poético así lo exige.

Conclusión para el blog
¿Qué hemos aprendido hoy, amados lectores? Que para ser un gran poeta no necesitas escribir sobre la caída de los imperios ni el sentido de la existencia. Solo necesitas:
Un vecino que toque el piano de forma cuestionable.
Un carruaje antiguo (si pasa un patinete eléctrico de Uber Eats, la metáfora pierde).
Un señor regando la acera.

Lo metes todo en una coctelera con un par de palabras como reja, luna y honda, y ya tienes una página de la historia de la literatura española contemporánea.

Y vosotros, ¿tenéis algún vecino pianista que os inspire "yunques de platero" a las tres de la tarde del domingo? 

Os leo en los comentarios. 

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