Crónica de un verano en llamas: RTVE arrasa y Telemadrid rescata al cuñado que todos llevamos dentro
¡Qué gran invento el verano! Ese maravilloso periodo estacional en el que los termómetros deciden batir récords históricos, los bosques arden con alegría y las televisiones públicas demuestran que, para hacer malabarismos con la realidad, no hay presupuesto que gane a la pura y dura creatividad ideológica.
Esta semana pasada hemos tenido de todo: ciclismo francés, incendios devastadores, audiencias desbocadas y, cómo no, el clásico número de circo de nuestra televisión autonómica favorita.
Pónganse cómodos, que el menú viene calentito.
El "efecto Cintora": cuando la realidad (y el Tour) te arruinan la siesta...
Resulta que este pasado viernes la programación de RTVE sufrió un colapso de éxito tan inesperado que a más de uno en los despachos contrarios le dio un parraque.
Por un lado, el incombustible tándem formado por Carlos de Andrés y Perico Delgado al frente del Tour de Francia en La 2 se marcó un máximo histórico, congregando a más de un millón de espectadores de media.
¿Y quién aprovechó semejante rebufo? Pues Jesús Cintora y su espacio Malas Lenguas. El programa se metió al público en el bolsillo rozando el 9% de cuota y superando los 650.000 espectadores, llegando incluso a liderar tramos de la tarde mientras media España miraba con angustia cómo el fuego devoraba la Sierra Oeste madrileña y el Valle de Iruelas.
Por si fuera poco, el bloque posterior en La 1 también arrasó frente a la competencia de Antena 3 y Telecinco.
Menudo drama para los agoreros de lo público: que un programa de actualidad e información toque techo justo cuando hay una crisis real que contar debe ser un terrible motivo de insomnio en Génova.
Telemadrid: Donde los árboles no se limpian por culpa de la Agenda 2030 (y de Perro Sanxe)...
Mientras tanto, en la otra trinchera televisiva —esa entrañable caja de resonancia llamada Telemadrid— el rigor informativo optó por tomarse unas merecidas vacaciones. Bajo la batuta de Carolina Moya y Valentín Ortega, el especial sobre los incendios forestales se convirtió rápidamente en una versión de barra de bar a las cuatro de la mañana.
Para analizar una emergencia con miles de evacuados y la UME dejándose la piel, ¿a quién llamamos? Obviamente, a Carlos Dávila y al exsenador Fran Carrillo. Premio Pulitzer del rigor científico, oigan.
El calor de toda la vida: Dávila dictaminó sin despeinarse que el cambio climático es poco menos que un cuento chino y que los veranos en Madrid siempre han sido un horno crematorio, culpando de paso a los “fanáticos ecologistas” de los fuegos. Claro que sí, guapi. Los pinos arden por culpa de los abrazos de Greta Thunberg.
La culpa es de Europa: Carrillo, por su parte, apuntó directamente a la Agenda 2030 y a las malvadas directrices comunitarias que, según su iluminada teoría, prohíben rascar una cerilla en el monte o limpiar de maleza los bosques.
Y por supuesto, el comodín de la casa: Pedro Sánchez, Begoña Gómez y cualquier cosa que sirva para desviar la atención de que, curiosamente, la gestión forestal y de emergencias en la región depende de quien depende.
Con más de 30.000 personas desalojadas, la prioridad de la televisión de todos los madrileños no era informar, sino blanquear a Ayuso y meterse con el Gobierno central con el manual del perfecto tertuliano de sobremesa.
Conexión directa con el absurdo...
El contraste no puede ser más grotesco. Por un lado, una cadena pública que, apoyada en el deporte y en un formato de actualidad, logra conectar con los datos y la calle. Por el otro, una televisión autonómica convertida en el club de la comedia negacionista, donde la incompetencia política se disfraza de cruzada contra el comunismo internacional y los malvados árboles autófagos.
El titular del día: Mientras el país arde por los cuatro costados, unos informan con datos y otros prefieren echarle la leña al fuego... ideológico.
En fin, sigan disfrutando del verano.
No olviden el abanico, apaguen bien las cerillas y, sobre todo, no dejen que la realidad les arruine un buen argumentario pagado con los impuestos de todos.
¡Hasta la próxima crisis!
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