'Ángela': El espejo (a veces incómodo) que Netflix nos ha puesto delante
Menos mal que tenemos series como Ángela en Netflix. Menos mal. Porque ya se sabe que, si no lo vemos en la pantalla, parece que no existe, ¿verdad?...
Es un auténtico alivio ver producciones que no se andan con rodeos, que se ponen la ropa de faena y se atreven a mirar a la cara a esa realidad machista que, curiosamente, parece que no existe para algunos sectores de nuestra política. Sí, hablo de esos representantes del Partido Popular y de Vox que, con una habilidad digna de estudio, se dedican a negar la mayor, a suavizar los hechos o, directamente, a tachar de "invento" o "ideología" lo que es, simple y llanamente, una lacra que asfixia nuestra sociedad.
Ángela funciona como una bofetada de realidad necesaria, un recordatorio de que tras las puertas de muchas casas hay historias que gritan en silencio. Mientras algunos se empeñan en mirar hacia otro lado o en debatir sobre si la violencia de género tiene apellido, la serie te planta en el salón la cruda, asquerosa y dolorosa verdad.
¿Que la serie duele? Duele. ¿Que es necesaria? Imprescindible.
Es curioso cómo se les llena la boca a algunos hablando de "libertad" y "sentido común", mientras se niegan a reconocer una violencia que mata, que humilla y que subyuga. Ángela no necesita un manifiesto, le basta con contar una historia para desarmar todas esas narrativas vacías que intentan edulcorar una realidad que, para muchas mujeres, es una cuestión de vida o muerte.
Así que, si tienes un ratito esta semana, deja de lado el scroll infinito buscando la próxima comedia ligera y dale una oportunidad a Ángela. Quizás, después de verla, a alguno le cueste un poco más seguir diciendo que "eso no pasa aquí".
O igual no, porque, como ya sabemos, no hay peor ciego que el que no quiere ver… y menos si le estropea el discurso político de la tarde.

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