¿Os habéis enterado de lo de Portugal? Yo tampoco, porque los medios estaban muy ocupados analizando el color de los calcetines de algún tertuliano de derechas.

Resulta que, al otro lado de la frontera, ha pasado algo "terrible" que, por supuesto, no veréis en el prime time de vuestras cadenas favoritas: la clase obrera ha ganado.

Sí, habéis leído bien. 

En un mundo donde nos venden que quejarse es de "perroflautas" y que aceptar precariedad es "emprender", hay gente que se ha molestado en trabajar... pero no para el jefe, sino para ellos mismos.

El "susto" llamado Tiago Oliveira...
Conoced a Tiago Oliveira. Es mecánico, o sea, de esos que se manchan las manos de grasa, no de tinta de pluma estilográfica en una oficina con aire acondicionado. Como Secretario General de la CGTP en Portugal, ha cometido el pecado capital de liderar dos huelgas generales. Pero no se quedó ahí. Tras 11 meses de lucha ininterrumpida, este señor y sus compañeros han conseguido algo que para nuestros visionarios del PP y Vox sería equivalente a que los cerdos aprendieran a volar: han tumbado la reforma laboral neoliberal del gobierno derechista.

Imagínatelo: once meses plantando cara sin que los medios de comunicación nos bombardeen con titulares de "el caos paraliza el país" o "sindicatos irresponsables". 

¿Por qué ese silencio sepulcral? 

Pues porque el ejemplo de Tiago es más contagioso que la gripe en una oficina sin ventilación.

El silencio mediático: la mejor herramienta de la patronal...
Si los telediarios hablaran de cómo los trabajadores portugueses doblaron el brazo a un gobierno derechista, ¿qué pasaría aquí? Pues que quizás, solo quizás, a algún operario en Madrid, a una cajera en Valencia o a un repartidor en Barcelona les empezaría a zumbar la oreja. 

Podrían empezar a pensar que quizás, la "libertad" de la que tanto presumen Ayuso y compañía no consiste en elegir entre dos tipos de contrato basura, sino en tener derechos reales.

Por eso, el discurso dominante en las televisiones y periódicos de derechas se asegura de que el "efecto Portugal" se quede bien guardado bajo llave. No sea que cunda el ejemplo y la gente descubra que, cuando se organiza y no suelta la cuerda, la balanza se mueve.

¿Qué nos toca a nosotros?...
Mientras aquí los partidos de la derecha y sus altavoces mediáticos siguen ocupados en vendernos que el trabajador es el enemigo de la economía —curioso, ¿verdad? ¿Qué economía funciona sin trabajadores?—, en Portugal han demostrado que la dignidad no es una palabra que se vende en los mítines.

Así que, la próxima vez que veas una mesa de tertulia donde cuatro señores con traje discuten cómo recortar derechos "por el bien de todos", recuerda que, a unos cientos de kilómetros, un mecánico y miles de trabajadores demostraron que el poder no siempre reside en quien tiene el micrófono, sino en quien tiene la fuerza de paralizar el engranaje.

Quizá sea hora de que empecemos a hacer un poco más de ruido, ¿no creéis?

¿Te ha sorprendido conocer esta victoria obrera, o te esperabas que los grandes medios la ocultaran bajo la alfombra?

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