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¡Qué manía tenemos los ciudadanos con quererlo todo gratis! Que si educación, que si carreteras sin baches y, ahora, la última moda: que nos curen las dolencias sin tener que pasar por caja.
Pongamos el dedo en la llaga de nuestra ingratitud, recordándonos que el sistema sanitario no está en crisis, simplemente está evolucionando hacia un modelo de "pago en especie".
Se acabó eso de esperar meses para una ecografía. ¿Para qué perder el tiempo en listas de espera cuando puedes aplicar la lógica del libre mercado a tu propio cuerpo? Si el sistema público se desmorona, no es por falta de inversión (faltaría más), sino porque no hemos entendido que nuestros riñones son, en realidad, activos financieros infrautilizados.
¿Cansado de la tos persistente? Entregue un lóbulo pulmonar y reciba un jarabe de marca blanca de inmediato.
¿Le duele la rodilla? Quizás si "donara" la otra al sector privado, la derecha empezaría a funcionar por pura envidia de mercado.
Es fascinante observar cómo hemos pasado del "aplauso en el balcón" al "pague usted la anestesia". Los gestores sanitarios son unos visionarios: han descubierto que la mejor forma de reducir las listas de espera es que el paciente se muera o, en su defecto, que se arruine tanto que ya no pueda permitirse ni tener una enfermedad.
Es la economía circular aplicada a la salud: tú nos das tus impuestos, nosotros te damos largas, y al final, acabas pagando de nuevo en la privada para que el mismo médico que no te atendió por la mañana te salude cordialmente por la tarde.
"No es que falten médicos, es que sobran pacientes con todos sus órganos intactos y muy pocas ganas de compartirlos con el capital riesgo."
Debemos abrazar este nuevo paradigma con optimismo. Imaginen las posibilidades: seguros médicos que, en lugar de cobrarte una prima mensual, te piden una fianza de córnea. Total, ¿para qué quieres ver bien si lo único que hay en el horizonte son facturas y recortes?
Al final, dejemos una lección valiosa: si la sanidad pública te cuesta "un riñón", asegúrate de que al menos sea el que tiene el cálculo biliar, para que el intercambio sea, como poco, un alivio.
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