El manual del buen hipócrita: cómo ignorar 4.000 cadáveres al año y dormir como un bebé
Este es un tema crudo, necesario y que, lamentablemente, solo toca la fibra sensible de la sociedad cuando hay cámaras delante o el desenlace es irreversible. El sarcasmo aquí no es una burla al dolor, sino un látigo contra la indiferencia selectiva.
¡Qué maravilla es la solidaridad de telediario! No hay nada como un drama con nombre y apellidos para que a todo el país le entre un ataque súbito de humanismo. Ahora todos somos expertos en salud mental, todos "estamos aquí para lo que necesites" y todos derramamos una lagrimita virtual en X (antes Twitter) porque, claro, el dolor ajeno queda divinamente con un filtro de nostalgia.
Pero seamos sinceros: a Noelia le debemos una disculpa por haber sobrevivido hace cuatro años.
Verán, si hace cuatro años Noelia hubiera tenido el "detalle" de terminar el trabajo, hoy no tendríamos que estar debatiendo nada. Habría sido una estadística más, un breve en la página 45 de un periódico local o, mejor aún, un silencio sepulcral. Porque en España somos muy de silencios.
Si ella no hubiera quedado en una silla de ruedas —recordándonos cada día con su presencia que el sistema falló—, nadie estaría hoy llenándose la boca con su nombre. Porque, admitámoslo: una persona con discapacidad que lucha es una molestia; una persona muerta es un símbolo que no da guerra.
Es fascinante cómo nos rasgamos las vestiduras por un caso mediático mientras practicamos un equilibrismo profesional para ignorar los 11 suicidios diarios en España.
¿11 personas al día? Bah, gajes del oficio de vivir.
¿200 intentos cada 24 horas? Seguro que solo quieren llamar la atención.
Si de verdad nos importara el "dolor ajeno" tanto como decimos entre café y café, quizás —y solo quizás— dejaríamos de hablar del tiempo o de la última sandez del político de turno para preguntar por qué no hay psicólogos en la sanidad pública. Pero claro, dotar de recursos a la salud mental cuesta dinero, mientras que poner un tuit con el hashtag #NoEstásSolo es gratis y te deja el ego como nuevo.
Tranquilos, que este ataque de ética colectiva se pasa pronto. Mañana, cuando el algoritmo decida que ya hemos llorado bastante por Noelia, volveremos a nuestra programación habitual.
Volveremos a ignorar al vecino que no sale de casa, al compañero de trabajo que tiene la mirada perdida y a esos 4.000 nombres anuales que no tienen la "suerte" de ser tendencia.
"La hipocresía nacional tiene un horario de 9:00 a 21:00. Fuera de ese horario, si te quieres quitar la vida, procura no molestar mucho, que estamos viendo la serie."
Estamos hasta el "coñamen", sí.
Pero no se preocupen, que la coherencia en este país es como la cita con el psiquiatra de la Seguridad Social: se la espera para dentro de dieciocho meses, y para entonces, probablemente, ya no haga ninguna falta.
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