El manual definitivo de la hipocresía: por qué "El hijo del chófer"de Jordi Amat es el libro que la burguesía catalana odia (y yo amo)


Hola a todos, mis queridos lectores, amantes de la verdad incómoda y el café demasiado caro. 

Hoy venimos a hablar de literatura de esa que pica, que escuece, que levanta ampollas en los áticos de la calle Muntaner y hace temblar las copas de cava en los jardines del Empordà.

Hablemos de "El hijo del chófer" de Jordi Amat (publicado por Tusquets, para más señas).
Si vives en Catalunya, es probable que hayas visto esa portada —con su toque vintage inquietante y ese rojo intenso que parece gritar "peligro, verdades por delante"— en todas las librerías desde hace un tiempo. Y si no la has visto, es que vives en una burbuja de "seny" y autocomplacencia tan densa que no te llega el wifi.

¿De qué va esto? Pues, simplificando mucho (porque yo soy muy de simplificar, que para complejos ya están ellos), es la biografía de Alfons Quintà. ¿Y quién era Alfons Quintà? Pues, amigos, era el Hijo del Chófer (así, con mayúsculas).

El Arte de ser el "Hijo de..."
Quintà no era solo el hijo de un conductor cualquiera. Era el hijo del chófer de Josep Pla, nada menos. Y ahí empieza la magia. Jordi Amat, con una pericia casi sádica, nos disecciona cómo un personaje con una psique, digamos, peculiar (por no decir psicótica, manipuladora y profundamente perturbada), utiliza sus conexiones, su resentimiento y el mismísimo ADN del sistema para trepar hasta la cima.

¿El sueño catalán? No, la pesadilla catalana hecha realidad.
Quintà es el "hijo de" definitivo. El que conoce los secretos, el que sabe qué manos estrechar y a quién chantajear (intelectualmente, se entiende... o no). Es el hombre que, desde una posición de "servicio", acaba controlando los hilos de los que se creen los dueños del cotarro.

La Burguesía Catalana: Un Retrato en Rojo y Negro...
Pero lo mejor del libro no es solo el bueno de Alfons y sus... peculiaridades. Lo mejor es el espejo que Amat nos pone delante de la cara. Un espejo donde la alta burguesía catalana sale retratada con una precisión que ríete tú de los grabados de Goya.

Amat no se corta un pelo al mostrarnos la hipocresía de una clase social que:
Se cree moralmente superior, pero que no duda en mirar para otro lado cuando el dinero (o el poder) está en juego.
Se llena la boca de "cultura" y "país", pero que trata a los "hijos de los chóferes" (es decir, a todos los demás) con un paternalismo condescendiente que da náuseas.
Es experta en el arte de la simulación, de mantener las formas mientras el fondo se pudre.

"El hijo del chófer" es la radiografía de un sistema corrupto donde el talento y el mérito son secundarios a los contactos y al apellido. Un sistema que permite que un monstruo como Quintà ascienda porque, al fin y al cabo, es uno de los nuestros (aunque sea de segunda clase).
¿Por qué deberías leerlo? (Y por qué ellos no quieren que lo hagas)

Si te gusta la historia política, la psicología criminal, o simplemente disfrutar del espectáculo de ver cómo se desmorona una fachada de respetabilidad, este es tu libro.
Es una lectura incómoda, sí. Pero es necesaria. Es el reverso tenebroso de la Cataluña idealizada que nos venden en los anuncios de cerveza. Es el recordatorio de que bajo el asfalto de la Vía Augusta, hay barro. Mucho barro.

¿Mi veredicto? Cómpralo. Léelo. Y luego, la próxima vez que te cruces con alguien que te hable con superioridad moral desde su ático en la zona alta, sonríe. Tú sabes la verdad. Y esa verdad tiene un nombre: El hijo del chófer.

¿Y tú, ya has leído este retrato de familia desestructurada (la de Cataluña, digo)? 

¿Te ha dado la misma alergia a la hipocresía que a mí? 

¡Cuéntamelo en los comentarios, que aquí estamos para rajar!

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