El divorcio ideológico del PSOE: Cuando la cena de Navidad se traslada al Congreso

¡Paren las rotativas! 

Justo cuando pensábamos que el panorama político no podía darnos más alegrías en forma de culebrón, va Carmen Romero y decide que el retiro es de cobardes. 

Sí, amigos, la mismísima ex primera dama del socialismo patrio ha vuelto al ruedo político. 

Y no lo ha hecho de puntillas, no. Ha entrado tirando de la manta y denunciando lo que, según ella, es una gran sorpresa para la humanidad: que la derecha está aprovechando las críticas de los dinosaurios socialistas para debilitar a Pedro Sánchez.

¡No me digas! ¿La oposición usando las armas que le regala el enemigo? Qué comportamiento tan inusual en la política española, de verdad.

Dos almas, un partido y un menú del día indigerible...
Lo verdaderamente fascinante del regreso de Romero no es solo que defienda al sanchismo, sino la profunda (y casi mística) lectura que nos deja sobre la eterna crisis de identidad del PSOE. 

Un drama que deja a Shakespeare a la altura de un guion de telerrealidad.
Según este análisis, en Ferraz conviven dos modelos políticos y culturales tan compatibles como el agua y el aceite:

El ala Vintage (El Felipismo Clásico): Esa "socialdemocracia liberal", moderada, institucional y tan pragmática que a veces cuesta distinguirla del centro-derecha. 

Es el legado de la Transición, de los grandes consensos de Estado y de las chaquetas de pana reconvertidas en trajes de consejo de administración. 

Un club capitaneado por Felipe González, Alfonso Guerra, Emiliano García-Page y Joaquín Leguina. Básicamente, los señores que miran las nubes y dicen: "En los ochenta sí que sabíamos gobernar, y no con estos modernos".

El ala 'Millennial' (El Sanchismo Adaptativo): El bando que se ha dado cuenta de que ya no estamos en 1982, que Netflix existe y que el panorama actual incluye cosas como el auge de la ultraderecha, el feminismo de la cuarta ola y una fragmentación política que te obliga a pactar hasta con el apuntador.

Y aquí viene el giro de guion digno de Hollywood: Carmen Romero ha decidido situarse en este segundo grupo, poniendo un océano de distancia ideológica con quien fuera su marido. Porque no hay nada más reconfortante que ver cómo el debate sobre el estado de la nación replica, punto por punto, las tensiones de un divorcio mal avenido.

Una "recién llegada" que lleva ahí toda la vida...
Lo que debe de tener a más de uno en el sector crítico atragantándose con el café es que a Carmen Romero no la pueden despachar llamándola "perroflauta" o "paracaidista de la nueva política". Esta mujer procede del mismísimo corazón del socialismo histórico: dirigente de FETE-UGT, eurodiputada y feminista de las que ya daban la batalla cuando algunos ministros actuales no habían nacido.

El veredicto implícito de Romero: Es preferible tragarse las "incomodidades" (llamémoslo X) de los pactos de Pedro Sánchez, que dejarle la alfombra roja a la ofensiva conservadora. Prioridades, lo llaman.

Por eso, Romero no ha dudado en sacar a pasear el árbol genealógico del partido y reivindicar a Pablo Iglesias Posse (el original, el de la barba del siglo XIX, no el de la coleta) y su temprana defensa de la mujer trabajadora. Un dardo sutil para recordarle a los "barones" que el PSOE nació para transformar la sociedad, no para convertirse en los perfectos gestores de fincas del sistema.

La paradoja del sofá de casa...
Al final, la situación nos deja una estampa tan poética como tronchante:
Felipe González habla desde la estratosfera de la autoridad moral, envuelto en la nostalgia de quien construyó la democracia (y que, curiosamente, coincide bastante con los editoriales de los medios de derechas).
Carmen Romero le responde desde el pragmatismo de quien entiende que con la nostalgia no se pagan las facturas ni se frena a la ultraderecha, y que las alianzas se buscan donde hay números, no donde dicta la melancolía.

Es la paradoja perfecta del socialismo español. Dos personas que compartieron una vida, un proyecto y, probablemente, muchas discusiones sobre quién sacaba la basura, terminan simbolizando hoy las dos almas del PSOE: la que mira al retrovisor buscando los consensos del pasado, y la que prefiere mirar hacia adelante, aunque el camino esté lleno de curvas, baches y socios de viaje un tanto peculiares.

¡Que no decaiga el espectáculo!

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