¡Vacaciones forzosas en el estrecho de Ormuz! (gentileza de nuestra querida burguesía)

¡Qué maravilla es el mundo de la logística global! Ese ballet coreografiado de contenedores, beneficios trimestrales y, de vez en cuando, un pequeño "daño colateral" humano. 

La noticia nos llega desde UGT, que pide —por favor y por los cauces oficiales, no sea que alguien se ofenda— la repatriación urgente de nuestra gente del mar atrapada en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz.
Porque claro, ¿qué hay más emocionante para una persona trabajadora que verse convertido en un peón de ajedrez en un tablero de tensiones geopolíticas internacionales?

El silencio cómplice de los de arriba. Es fascinante observar el silencio sepulcral de las empresas navieras. Esas mismas que se llenan la boca hablando de "resiliencia", "sostenibilidad" y "valor humano" en sus informes anuales a todo color, parecen haber olvidado que dentro de esos barcos hay personas. Para la burguesía dueña del capital, el marinero es solo una pieza más de la maquinaria, tan reemplazable como un tornillo oxidado. Mientras la mercancía llegue (o el seguro la pague), que un grupo de personas trabajadoras esté retenido en una de las zonas más calientes del planeta parece ser un simple "error de logística".

El Gobierno: expertos en mirar hacia otro lado. Y qué decir de nuestro Gobierno. Esos que siempre tienen "todas las opciones sobre la mesa" pero que parecen haber olvidado poner las cartas importantes. Es enternecedor ver cómo se les llena la boca con la defensa de los derechos, pero cuando toca enfrentarse a los gigantes que mueven los hilos del comercio mundial, prefieren la diplomacia del susurro.
¿Dónde está la presión real? ¿Dónde están las medidas contundentes para traer a casa a quienes están atrapados en el Estrecho de Ormuz? Ah, claro, es que las relaciones comerciales son sagradas. No vayamos a molestar a algún jeque o a algún gran armador, no sea que el precio del gasoil suba dos céntimos y se nos descuadre la foto de la recuperación económica.

La "Gente del Mar": héroes invisibles para el beneficio ajeno. La UGT hace bien en denunciar, pero la realidad es sangrante. Estamos hablando de trabajadores que no saben cuándo volverán a ver a sus familias porque alguien, en un despacho con aire acondicionado en Madrid, Londres o Dubái, decidió que el riesgo valía la pena... para otros.

Es la vieja historia de siempre: los beneficios son privados, pero los riesgos son para el currante. Si el barco pasa, la empresa gana millones; si el barco queda atrapado, el marinero se queda sin libertad y el Gobierno se queda "siguiendo la situación con preocupación".

Desde este humilde blog, mandamos un saludo a los de arriba: sigan brindando con champán en sus yates. 

Mientras tanto, la gente del mar sigue esperando que alguien, por una vez, tenga la decencia de priorizar la vida sobre el balance de resultados.

¿Repatriación urgente? Sí. 

¿Vergüenza ajena? También.


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