Menos discursos y más provincias: manual de supervivencia política

¡Paren las rotativas, saquen el champán y preparen las lágrimas de emoción! Por fin ha llegado el momento que toda la galaxia estaba esperando. Sí, amigos, según los astros, los gurús de Twitter y mi inquebrantable optimismo de las tres de la mañana, estamos viviendo la edad de oro de las izquierdas soberanistas.

Como sé que estáis ansiosos por saber cómo vamos a salvar el mundo (o al menos nuestro trocito de mapa), os dejo aquí la hoja de ruta definitiva. Spoiler: requiere que la gente use la cabeza. Sí, ya sé que empezamos mal, pero seguid leyendo.

1. El gran momento soberanista (o cómo no ser un egoísta con barretina/boina)...
A ver, queridas izquierdas soberanistas de nuestro rincón peninsular favorito: ha llegado vuestro tren. Pero ojo, que interpretar y liderar este momento histórico no consiste en mirarse el ombligo, ver que vuestro jardín está muy verde y soltar un entrañable: «Como a mí me va bien, que le den al resto». No, el internacionalismo y la solidaridad no eran solo palabras bonitas para poner en las camisetas de los festivales de música.
Nota para la izquierda española tradicional: Sí, os hablo a vosotras, las del "progreso centralizado". Aceptadlo de una vez: sois el problema. Vuestro concepto de "ayudar" no puede seguir siendo el paternalismo de siempre. Así que, por una vez en la historia, os propongo un plan revolucionario: escuchar y ayudar. Sé que mantener la boca cerrada y el oído abierto es un superpoder que no venía en vuestro manual de Marx, pero haced el esfuerzo.

2. Minar al PP y a VOX: Menos épica de Twitter y más matemáticas
Llegamos a la eterna pregunta: ¿Cómo paramos a la derecha y a la ultraderecha? ¿Con más manifestaciones de coreografías ensayadas? ¿Con tuits superingeniosos?
Pues resulta que no. Sorpresa: a la derecha se le gana optimizando la oferta electoral y con ciencia. Sí, amigos, esa cosa aburrida de los números, la demografía y la estrategia de datos que tanto alergia da a quienes prefieren vivir en una asamblea perpetua.
Menos batallitas ideológicas de salón.
Más Excel y más microcirugía política.
Hay que dejarse de discursos genéricos para mayor gloria de los convencidos y empezar a picar piedra provincia a provincia. Porque resulta que España es un pelín más compleja que el centro de Madrid o el barrio de Gràcia. Si hay que optimizar el voto para que no se pierda en la nada de la ley D'Hondt, se optimiza. Menos dogmas de fe y más calculadora.
Hay que hacer camino (pero sin tropezar con el cordón de las zapatillas)

En resumen, que nos queda un viaje largo. Hay que hacer camino, pero de verdad, no solo cantando a Machado en los mitines mientras nos pegamos codazos por ver quién sale más cerca del micrófono en la foto.

Así que ya sabéis: menos soberbia centralista, menos egoísmo territorial, más matemáticas y a trabajar. 

O eso, o nos vemos en el próximo apocalipsis electoral compartiendo memes para pasar la depresión. 

¡Al lío!

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