Ley n.º 12: Porque nadie es neutral si hay un canapé de por medio
Si has seguido las leyes anteriores, ya eres un experto en no humillar (mientras robas), en pensar como el enemigo y en mantener una cara de póker digna de un busto de mármol. Pero cuidado, que llega el mediador. Ese ser que viene con bandera blanca y palabras suaves para, según esta ley, clavarte el puñal mientras te ofrece un pañuelo.
¿Realmente creías que el mediador estaba ahí para ayudar? ¡Pobre alma cándida! Según la Ley n.º 12, la neutralidad es un invento de los cuentos de hadas, justo al lado de los unicornios y las impresoras que funcionan a la primera.
El mediador no es un puente, es un agente doble. Si RR.HH. dice que quiere "mediar" en tu conflicto con el jefe, lo que realmente están haciendo es medir cuánto le costaría a la empresa tu despido frente a lo que les costaría aguantar tus quejas. El "bando" del mediador siempre es el que tiene mejor aire acondicionado o la cuenta bancaria más abultada.
Esta ley es fantástica porque te permite invalidar cualquier intento de paz. ¿Tus padres intentan mediar en una pelea con tu hermano? Claramente están del bando del que nació primero. ¿Un consejero de pareja intenta salvar tu relación? Seguro que tiene un acuerdo secreto con el que cocina mejor.
Vivir bajo la Ley n.º 12 es como estar en una película de espías de la Guerra Fría, pero en el pasillo de los yogures. Todo el que intente "ayudar" es, por definición, un sospechoso habitual.
El bando oculto (y el tuyo)
Lo más divertido de esta ley es que asume que el mediador tiene un plan maestro. Imagina al pobre mediador vecinal intentando que dejes de poner música a las tres de la mañana: según este libro, ese hombre no solo quiere dormir, sino que está confabulado con la industria del silencio para destruir tu carrera como DJ amateur.
En conclusión: La Ley n.º 12 es el toque final para el aislamiento social perfecto. Una vez que dejas de confiar en los mediadores, ya solo te queda hablar contigo mismo. Pero ojo, ten cuidado: según la Ley n.º 10, tú mismo podrías ser tu peor enemigo y, según la Ley n.º 11, ¡no deberías contarte ni a ti mismo lo que estás pensando!
Consejo de supervivencia: Si te ves obligado a tratar con un mediador, asegúrate de que su "bando" sea el tuyo ofreciéndole las mejores galletas de la reunión. La neutralidad se compra barata.
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