Ley n.º 11: cómo convertirte en una estatua de mármol para principiantes
Si la Ley n.º 9 era para no humillar y la Ley n.º 10 era para meterte en la cabeza de tu enemigo, la Ley n.º 11 es el toque maestro de la paranoia: conviértete en una caja fuerte sin combinación. Básicamente, nos propone vivir en un estado de "póquer perpetuo" donde mostrar una emoción sea considerado un pecado capital o, peor aún, una debilidad de marketing.
"Que nadie sepa lo que estás pensando". Qué consejo tan útil para las cenas de Navidad o las reuniones de departamento. Olvida la transparencia, olvida la honestidad, olvida incluso tener una expresión facial humana. A partir de ahora, tu cara debe ser tan expresiva como un ladrillo visto o un protector de pantalla congelado.
Si tu jefe te dice que te quita las vacaciones, tú mantén la mirada fija en el infinito. Si tu pareja te pregunta si la quieres, tú contesta con un silencio enigmático que sugiera que estás calculando el precio del crudo en el mercado de futuros.
Lo mejor de esta ley es que es el escondite perfecto para los que, en realidad, no están pensando en absolutamente nada.
Si guardas silencio, la gente asumirá que estás trazando una estrategia geopolítica de nivel experto.
En realidad, probablemente estés intentando recordar si pusiste la lavadora o si el nombre de ese actor era "ese de la película del espacio".
Pero oye, la Ley n.º 11 te avala. Que sigan elucubrando. La ignorancia ajena es tu mayor activo.
Siguiendo este manual, llegaremos a un punto utópico donde dos personas negociarán sin humillarse (Ley 9), pensando cada una en las maldades del otro (Ley 10) y mirándose fijamente sin decir una palabra ni parpadear (Ley 11). No será una reunión de trabajo, será una escena de El bueno, el feo y el malo, pero con corbata y un café aguado.
La Ley n.º 11 es el "modo incógnito" de la vida real. Es ideal para aquellos que quieren ser percibidos como genios incomprendidos cuando, en el fondo, solo tienen miedo de que se note que no tienen ni idea de lo que está pasando en la presentación de PowerPoint.
Si nadie sabe lo que piensas, nadie puede decepcionarse.
Pero ojo, que si te pasas de frenada con el misterio, corres el riesgo de que la gente piense que te has quedado en "modo espera" y llamen al servicio técnico.
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