La metáfora ferroviaria (o cómo decir que estás viejo)
El poema "Como cada mañana", arranca con que nuestro corazón tiene un "pulso amarillo de las maderas lentas de un tranvía". Fascinante. Si tu ritmo cardíaco suena a madera vieja crujiendo, quizá en lugar de escribir poesía deberías ir a urgencias, pero entiendo que la insuficiencia cardíaca es muy "poética" si le pones un filtro sepia.
El autor Luis Garcia Montero, nos confiesa que era "hermoso" acudir a la cita con:
Calles sucias (porque no hay nada como el olor a alcantarilla para inspirarse).
Ropajes cansados (casas que, aparentemente, necesitan una siesta y una reforma).
Agua que "discute" en las orillas (seguramente quejándose de que nadie limpia el río).
Nos narra con heroismo cómo se besaban las "uñas moradas por el frío". Romántico, si ignoramos que suena a síntoma temprano de hipotermia o mala circulación. Pero claro, en el universo de la "Generación de la Melancolía", si no estás al borde de la congelación, no estás sintiendo de verdad.
Después de tanto paseo existencial y soledad definitiva, resulta que todo el drama era para llegar a un sitio con "azulejos fríos", "latín" y "números romanos". Todo este despliegue de abrigos largos y tristezas infinitas para describir... ir a clase.
Un poema ideal para leer mientras miras por la ventana, sostienes una taza de café frío y finges que tu vida es una película francesa de bajo presupuesto. Si buscas algo que no te den ganas de abrazar una estufa y llorar por el precio de la calefacción, mejor sigue buscando.
Puntuación: 4/5 caramelos de violeta (por el esfuerzo de recordarnos que el latín es aburrido).
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