La mentira cincelada en mármol: Miguel Hernández, Conde de Peñalver y la desmemoria histórica.

Paso a menudo por la calle Conde de Peñalver, en pleno barrio de Salamanca en Madrid. Es una calle señorial, ruidosa, llena de comercios y de vida. Pero hay un punto que siempre me hace detener, un punto donde el tiempo parece haberse congelado, no solo por la edad de la placa que allí cuelga, sino por la profunda falsedad que perpetúa.

Hablo de la placa dedicada al poeta Miguel Hernández.
La placa es solemne, de mármol blanco, y lleva el escudo de la Sociedad General de Autores de España (SGAE). 

Dice, textualmente, que se dedica al poeta "QUE COMPUSO, EN ESTE LUGAR, LAS FAMOSAS 'NANAS DE LA CEBOLLA' EN SEPTIEMBRE DE 1939". Y añade que fue inaugurada en 1985 para homenajear a Machado, Lorca y al propio Hernández.

Es una placa que miente. O, mejor dicho, que cuenta una verdad a medias tan grande que se convierte en una falsedad dolorosa.

La realidad vs. la placa...
Lo que la placa no te dice, y lo que cualquier persona mínimamente informada sobre la vida de Miguel Hernández sabe, es que en septiembre de 1939 él no estaba allí voluntariamente. No estaba en una residencia para autores, ni de vacaciones, ni de retiro creativo.
En septiembre de 1939, Miguel Hernández estaba preso. Estaba encarcelado en ese mismo edificio, que por entonces funcionaba como la cárcel de Torrijos (o la Prisión de Conde de Peñalver, su nombre más "oficial"), después de haber sido detenido por las autoridades franquistas en la frontera con Portugal.

Escribió las "Nanas de la Cebolla", ese desgarrador grito de amor paternal y desesperación, en una celda, en papel higiénico, tras recibir una carta de su mujer, Josefina Manresa, donde le contaba que ella y su hijo recién nacido apenas tenían cebollas para comer.

La herencia de la Transición (y sus parches)...
Esta placa se instaló en 1985, en plena Transición, una época de pactos de silencio y de homenajes de cartón-piedra. La intención inicial de la SGAE pudo ser buena: honrar a los poetas republicanos. Pero el resultado fue una obra maestra de la ambigüedad deliberada.

Al decir "en este lugar", los redactores de la placa borraron la existencia de la cárcel de Torrijos. Borraron el dolor, la tortura, el miedo y la represión que allí se vivieron. Convirtieron un lugar de confinamiento y represión política en un simple "lugar" donde, casualmente, se escribió un gran poema. No fue casual. Fue la consecuencia directísima de su militancia republicana y de su condena a muerte por el franquismo.

¿Por qué sigue ahí? La Ley de Memoria Democrática...
Aquí es donde entra mi indignación. He leído y releído la actual Ley de Memoria Democrática. Es una ley que, sobre el papel, tiene como objetivo la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. Una ley que prohíbe los símbolos y menciones de exaltación del franquismo. 

No es un secreto. Esta placa, en su formulación actual, minimiza y encubre la represión franquista contra uno de sus mayores poetas. Es un acto de desmemoria en sí mismo.

No entiendo cómo, con una ley en vigor que supuestamente vela por la verdad histórica, esta placa sigue ahí, inmaculada, perpetuando una versión suavizada y despolitizada de la tragedia de Hernández. No se trata de quitar la placa, se trata de rectificarla.

Debería decir:
...QUE COMPUSO, SIENDO PRISIONERO EN LA ENTONCES CÁRCEL DE TORRIJOS, LAS FAMOSAS "NANAS DE LA CEBOLLA"..."
Cualquier cosa menos lo que dice ahora.

Mantenere la placa tal y como está no es un olvido accidental. Es una decisión política de no confrontar la realidad de nuestro pasado. Es decirle a los jóvenes que pasan por allí: "aquí se escribió un poema bonito", en lugar de: "aquí, un régimen fascista encerró y torturó a uno de nuestros mejores intelectuales hasta matarlo".

Seguiré pasando por Conde de Peñalver, y seguiré sintiendo el mismo nudo en el estómago cada vez que lea ese mármol mentiroso. 

Hasta que la ley, o la voluntad política, o la simple decencia humana, decida corregir cincel por cincel, la historia.

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