Juan 3, 16-21: Cuando la "Libertad" se confunde con la tiniebla

Hoy me he levantado con el calendario litúrgico de frente y me he topado con una de esas lecturas que, si se leyeran con un poquito más de atención en ciertas sedes de Génova o de la calle Bambú, provocarían más de un cortocircuito. 

El Evangelio de hoy, Juan 3, 16-21, nos habla de la luz, de la verdad y de un Dios que no vino a condenar al mundo, sino a salvarlo.
¡Qué curioso! Resulta que la "luz" tiene la mala costumbre de dejar al descubierto lo que muchos prefieren tapar con una bandera o un tuit incendiario.

La caridad... pero solo para los "nuestros". Dice el texto que "el que obra la verdad se acerca a la luz". Es fascinante ver cómo a ciertos sectores de Vox y del PP se les llena la boca hablando de "raíces cristianas" mientras proponen, con una sonrisa muy pulcra, dejar a la deriva a quienes buscan esa misma luz cruzando el mar.
Parece que su versión del Evangelio viene con una cláusula de exclusividad:
Cristo: "Tuve hambre y me disteis de comer".
La derecha "cañí": "Depende. ¿Tienes los papeles en regla? ¿Vienes en yate o en patera?".

El juicio de las tinieblas. El pasaje advierte que la gente prefirió la tiniebla porque sus obras eran malas. Y aquí es donde entra el arte de la doble moral. Es enternecedor ver cómo se rasgan las vestiduras defendiendo la "familia tradicional" en el altar, para luego aplicar políticas que hacen que una familia real no pueda pagar el alquiler o conciliar el sueño, mucho menos la vida laboral.
"Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras."
Si aplicáramos este versículo a la transparencia de los contratos públicos o a los "sobresueldos" que parecen aparecer por generación espontánea, quizás entenderíamos por qué algunos prefieren las sombras de los despachos a la luz de la justicia social.

Hijos de la luz (o de la conveniencia). La reflexión de la imagen que os comparto habla de Nicodemo y de la necesidad de "volver a nacer" para dejar atrás lo que nos aleja de Dios. Me pregunto si ese "volver a nacer" incluye dejar de usar la fe como un arma arrojadiza contra el diferente.

Es muy cómodo ir a la procesión el Domingo de Ramos y el lunes votar en contra de subir el salario mínimo o de proteger a los más vulnerables. Supongo que para ellos, la "Luz del Mundo" es más bien un foco de estudio para salir bien en la foto de campaña, y no ese compromiso incómodo que te obliga a ver al hermano en el inmigrante, en el pobre o en el que piensa distinto.

En fin, como dice el texto: la luz vino al mundo. 

Lo malo es que algunos siguen empeñados en ponerse las gafas de sol de la ideología para no deslumbrarse con la realidad.

Señor, confórmanos como hijos tuyos... pero de los de verdad, no de los de carné y mitin.

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