Indultos, pancartas y ese extraño concepto llamado "justicia": El caso de La Suiza

Justo cuando pensabas que el sistema judicial era un guion de Kafka dirigido por Michael Bay, llega el Gobierno y saca la varita mágica de los indultos. UGT está de celebración (confeti incluido, supongo) porque por fin han indultado a "las seis de la Suiza".

Si no has estado viviendo bajo una piedra o en un retiro espiritual sin Wi-Fi, sabrás que este caso es el ejemplo perfecto de cómo una protesta sindical puede acabar pareciendo un episodio de Law & Order con un presupuesto muy ajustado.

Pues que después de años de idas, venidas, sentencias y mucha literatura jurídica, el Consejo de Ministros ha decidido que, bueno, que quizás tres años y medio de cárcel por hacer sindicalismo frente a una pastelería era un pelín... excesivo. Solo un poquito.

El "delito" de pedir derechos: Al parecer, desplegar pancartas y usar megáfonos se convirtió en un deporte de riesgo. Quién nos iba a decir que pedir que te paguen las horas extra fuera a tener una trama más compleja que una novela de John Grisham.

UGT saca pecho: en su comunicado, celebramos la noticia como si hubieramos ganado la Champions. Hablamos de "justicia" y de "derecho fundamental a la acción sindical". Es reconfortante saber que, para no entrar en prisión por protestar, al final necesitas que el Gobierno te firme un justificante escolar gigante llamado indulto.

Lo mejor de todo es el alivio generalizado. UGT recalcamos que esto "repara una injusticia". Y yo me pregunto, con mi habitual dosis de cinismo: ¿la repara o simplemente le pone un parche antes de que el barco se hunda del todo?
"La movilización sindical no es delito".

Una frase que queda genial en una camiseta, pero que a estas seis mujeres les ha costado unos cuantos años de pesadillas judiciales y de aprenderse de memoria el Código Penal. Pero oye, ¡pelillos a la mar! El indulto ya está aquí.

Si decides protestar porque tu jefe te debe dinero o porque el aire acondicionado de la oficina es, en realidad, un señor soplando con un abanico, recuerda:
Asegúrate de tener a mano el número de un sindicato que sepa redactar notas de prensa con mucha épica.

Cruza los dedos para que tu caso se vuelva lo suficientemente mediático como para que alguien en Madrid decida que indultarte queda bien en el telediario.

En resumen: una victoria para el sindicalismo, un suspiro de alivio para las seis protagonistas y otra muesca en el revólver de "cosas surrealistas que pasan en este país". Ahora, a ver cuánto tardamos en encontrar la próxima pastelería conflictiva.


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