El zen del caos controlado: entendiendo la Ley n.º 6
"No toda acción debe responder a una estrategia, pero toda acción debe ser coherente con la estrategia".
Lean eso otra vez. Despacio. ¿Sienten ese ligero mareo? Es el sonido de la lógica saltando por la ventana para no volver jamás.
Esta ley es, posiblemente, el mayor monumento a la improvisación con ínfulas que se ha escrito nunca. Es el equivalente corporativo de decir: "No sé a dónde voy, pero me gusta cómo camino".
La primera parte es una joya de la vagancia intelectual: "No toda acción debe responder a una estrategia". ¡Qué alivio! Esto valida oficialmente todas esas decisiones tomadas por impulsos viscerales, corazonadas después de tres cafés o, simplemente, porque alguien se levantó con el pie izquierdo.
¿Para qué perder el tiempo planificando cuando podemos simplemente... hacer cosas? Es la apoteosis del "ir viendo". Si algo sale mal, no es que no hubiera plan, es que estábamos siendo "dinámicos".
Pero ojo, que viene la trampa: "...pero toda acción debe ser coherente con la estrategia". Aquí es donde el sarcasmo alcanza niveles estratosféricos. Esta frase es el comodín perfecto para cualquier jefe:
Si la acción aleatoria sale bien: "¡Claro! Era coherente con nuestra visión a largo plazo".
Si la acción aleatoria es un desastre: "Esto no era coherente con la estrategia (esa que no necesitábamos usar para actuar, ¿recuerdan?)".
Es una forma elegante de decir que puedes hacer lo que te dé la gana, siempre y cuando tengas la capacidad narrativa de inventarte una excusa que lo conecte con el Plan Maestro después de que ya haya ocurrido.
Si combinamos las tres leyes, el panorama es idílico:
Ley 4: Nadie sabe qué se decidió.
Ley 5: Se hizo a lo bruto, gastando todo el presupuesto.
Ley 6: No había un plan para hacerlo, pero juramos que "encaja" perfectamente con lo que queríamos (aunque no te lo hayamos dicho).
La Ley n.º 6 es la victoria definitiva de la semántica sobre la sustancia. Nos enseña que la estrategia no es una hoja de ruta, sino un chicle elástico que se puede estirar para cubrir cualquier error cometido por falta de previsión.
Así que ya saben: actúen primero, no piensen en la estrategia, pero preparen un buen Powerpoint para explicar por qué su última ocurrencia es, en realidad, una obra maestra de la coherencia.
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