El increíble caso de los pirómanos con placa de bombero

Qué mala memoria tiene el mundo, de verdad. Es casi envidiable esa capacidad colectiva para resetear el cerebro cada mañana, como si la historia fuera una pestaña de incógnito que se cierra y no deja rastro. Pero aquí estamos, asistiendo a la última función de este teatro del absurdo donde los mismos que firman las órdenes de exterminio por la mañana, se visten de "garantes de la estabilidad" por la tarde.

Resulta enternecedor ver cómo nos presentan la escalada bélica actual en Oriente Próximo como si fuera un fenómeno meteorológico imprevisible. ¡Vaya mala suerte! Nadie pudo prever que una guerra iniciada con ataques ilegales y bombardeos preventivos —esa forma tan creativa de llamar a la agresión de toda la vida— pudiera complicarse.

Pero no nos distraigamos, que el reparto de esta película es de lujo:
El Protagonista: El autor intelectual de un genocidio retransmitido en 4K a las palmas de nuestras manos. Ese mismo que, según la relatora de la ONU, está llevando a cabo una limpieza étnica de manual, ahora se presenta como el adalid de la civilización frente a la barbarie.
El Coprotagonista (o "El Facilitador"): El socio necesario que pone las armas, el dinero y el veto en la ONU para que la masacre no pierda ritmo. Es el típico amigo que te dice "no te pelees" mientras te pasa el palo y te sujeta la chaqueta.

Es fascinante la estética de este nuevo siglo: podemos ver a niños siendo sacados de los escombros en tiempo real mientras deslizamos el dedo por la pantalla para ver un tutorial de maquillaje o una receta de pan de masa madre. El autor de este horror, lejos de estar sentado en un banquillo en La Haya, está demasiado ocupado impulsando el siguiente frente de guerra. Porque claro, ¿qué es un genocidio si no tienes una guerra regional para tapar las vergüenzas?

Es una estrategia brillante, hay que admitirlo. Si la población palestina se niega a desaparecer en silencio, la solución es ampliar el mapa de las bombas. Si el mundo se empieza a cansar de ver hospitales destruidos, dales un conflicto mayor, más ruidoso y con más banderas involucradas.

Lo mejor de todo es la pasividad del público. Observamos cómo se ignoran las resoluciones internacionales con la misma indiferencia con la que aceptamos las "cookies" de una página web. Aceptamos que quienes violan la legalidad internacional a diario nos den lecciones sobre quién tiene derecho a defenderse y quién merece ser borrado del mapa.

Al final del día, el mensaje es claro: si tienes el apoyo del facilitador adecuado, el término "ilegal" es solo una sugerencia gramatical y un genocidio es simplemente una "operación de seguridad" con un poco de mala prensa.

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