El Arte Militar (o el arte de ser Intensito™) de LUIS GARCIA MONTERO.

¡Oh, qué maravilla de la "poesía de la experiencia"! Ese género donde caminar por la calle para comprar el pan se convierte en una gesta homérica y donde haber trasnochado un jueves te otorga automáticamente el rango de General de División en el ejército de la Melancolía.

1. El General de las Tabernas
Luis nos presenta a su protagonista como un estratega del asfalto. No es que el hombre tuviera insomnio o que no le llegara el sueldo para el taxi; es que "cruzaba la ciudad camino de algún rumbo indiferente". Qué envidia. La mayoría de los mortales vamos camino de la oficina o de recoger a los niños, pero García Montero prefiere el rumbo indiferente, que suena mucho más literario que "estoy perdido y no sé dónde he dejado el coche".
Y ojo al despliegue logístico:
El objetivo: El mercado y el "rumbo de las tabernas".
El armamento: "Mármoles cansados" y "rebecas de humo".
El daño colateral: Una "letra redonda de los sueños" (que probablemente se traduce en una caligrafía ilegible tras la tercera copa).

2. La "Incorregible Vocación de Historia"
Dice Luis que la vida se recuerda por sus repeticiones. Básicamente, nos está confirmando que el Arte Militar consiste en hacer siempre lo mismo pero poniéndole un nombre que suene a conflicto bélico trascendental.
Haber hablado "cuerpo a cuerpo" no se refiere a una bayoneta calada en las trincheras del Somme, no. Se refiere a discutir con la pareja o con un amigo sobre si el mundo cambia rápido o lento mientras te miras las arrugas en el espejo ("demasiadas cosas escritas en la piel"). Es una guerra de desgaste, pero sin barro, solo con mucha crema hidratante y mucha nostalgia sacrificada.

3. El Comando de los "Sentimentales"
Llegamos al clímax del manifiesto. Resulta que hay una generación entera (la de Luis, por supuesto) que son los "sentimentales". Son como los Navy SEALS, pero en lugar de visión nocturna tienen un "instinto helado por los ojos" y en lugar de paracaídas usan una "dudosa luz del día".
Es conmovedor ver cómo se sienten "pasajeros" de la ciudad. Pobrecitos. Cruzas el mundo en coche después de una tormenta, comparas la madrugada con un gorrión (porque claro, ¿qué sería de un poeta granadino sin un pajarillo metafórico?) y de repente, ¡pum!, ya tienes un poema que justifica haber llegado tarde a casa.
Resumen del parte de guerra:
Enemigo: El paso del tiempo y la modernidad que no rima.
Aliados: El alcohol de madrugada y los árboles solitarios.
Resultado de la batalla: Una derrota dignísima, muy bien escrita, con la métrica cuidada y el ego intacto.

Al final, el "Arte Militar" de García Montero es la capacidad de sobrevivir a una borrachera creyendo que estás escribiendo la historia de Occidente. Soldados de la subjetividad, ¡rompan filas!

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