¿DNI de primera y DNI de "outlet"? El nuevo "Manual del Buen Patriota"


Parece que en los despachos donde se firman los pactos entre PP y Vox han descubierto una nueva rama de la física cuántica: la nacionalidad relativa. 

Según sus últimos acuerdos sobre priorizar las ayudas sociales, no basta con ser español sobre el papel; ahora hay que demostrar que el árbol genealógico tiene raíces más profundas que un olivo milenario.

La jerarquía del "Yo llegué antes"...
En un alarde de creatividad administrativa, se propone que, a igualdad de condiciones (mismo nivel de pobreza, misma nacionalidad española), el sistema debe mirar el lugar de nacimiento.
Es un concepto fascinante.

Imaginen la escena en servicios sociales:
Candidato A: Español, en paro, nacido en Chamberí. Pase usted, caballero.
Candidato B: Español, en paro, nacido en Caracas o Tánger pero con DNI desde hace 15 años. Vuelva usted mañana, que su nacionalidad todavía tiene olor a "nuevo".

Básicamente, estamos ante el primer sistema de castas burocrático. Ya no importa lo que aportes, lo que cotices o lo que diga la Constitución sobre la igualdad ante la ley. Lo que importa es el GPS del paritorio.

Cuando hasta los obispos se echan las manos a la cabeza...
Lo más divertido de este esperpento es que han conseguido algo casi imposible: que la Conferencia Episcopal se ponga de uñas. Sí, esos señores que suelen ser prudentes con la derecha, han recordado —con un tono de "a ver si leemos un poco más el Evangelio"— que la dignidad humana no entiende de códigos postales de nacimiento.

Desde las instituciones eclesiásticas el mensaje es de una contundencia poco habitual: el bienestar social no puede ser un club VIP con derecho de admisión por origen. Cuando la Iglesia te dice que tu política social es poco cristiana, es que quizá te has pasado de frenada en el carril de la exclusión.

Un plan sin fisuras (o con todas)...
¿Qué será lo próximo?
¿Prioridad en el médico para los que tengan apellidos compuestos?
¿Puntos extra en la dependencia si tus abuelos lucharon en las Navas de Tolosa?
Es curioso que quienes más se llenan la boca con la "igualdad de los españoles" sean los primeros en inventarse españoles de segunda categoría. 

Al final, parece que el carné de identidad solo es sagrado cuando sirve para lanzárselo a alguien a la cabeza, pero pierde su valor cuando toca repartir el pan.

En fin, bienvenidos a la España donde el código de barras del nacimiento importa más que el compromiso con el país. 

¡Que Dios (y la Conferencia Episcopal) nos pille confesados!

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