Crónica de una mudanza en UGT (y de cómo algunos sillones no se sueltan ni con agua hirviendo)


Madrid, 1899. 

Mientras medio mundo anda preocupado por el "Efecto 1900" (bueno, por aquel entonces se conformaban con que no se acabara el vapor), aquí en España estábamos a lo importante: las mudanzas. 

Porque, seamos sinceros, ¿qué es un sindicato sin el caos de las cajas de cartón y el aire viciado de la capital?

Adiós Barcelona, ¡hola, cocido madrileño!
En el VI Congreso de la UGT, se tomó la decisión más audaz de la década: empaquetar el Comité Nacional y mandarlo de Barcelona a Madrid. Porque claro, estar en el motor industrial de Cataluña debía de ser demasiado... "estimulante". Mejor venirse al centro, a la meseta, donde el aire es seco y la burocracia fluye con ese ritmo tan nuestro. Supongo que los de Barcelona estarían encantadísimos de ver cómo los archivos se subían al tren camino de la Puerta del Sol.

El juego de las sillas (versión Épica)
Pero lo mejor no fue el viaje, sino el reparto de cargos. Atentos a la jugada, porque esto es historia de la que se pega a la piel:
Pablo Iglesias (El Incombustible): Antonio Zurdo ha pasado a mejor vida (políticamente hablando, se entiende). Iglesias toma la presidencia y, visto lo visto, parece que le ha cogido cariño al asiento. ¿Previsiones? Digamos que solo la muerte lo separará de ese despacho. Se comenta que ya están encargando un cojín de larga duración.
García Quejido (El Fiel): Él sigue en la secretaría. Hay cosas que nunca cambian, como la lluvia en Galicia o Quejido redactando actas. Si funciona, ¿para qué tocarlo?
Largo Caballero (El Nuevo): Ojo a este nombre, que entra como tesorero. Francisco se va a encargar de las cuentas, y algo me dice que este chico tiene futuro. 

De momento, que aprenda dónde se guardan las pesetas, que en Madrid vuelan.

Reflexión para el presente (con un poco de mala leche)
Es fascinante mirar atrás y ver cómo en 1899 ya sabíamos que, para que algo sea "oficial", tiene que pasar por Madrid. Cambiamos el puerto por la corte, y a los líderes de siempre por... bueno, por los líderes de siempre.

Hoy, más de un siglo después, vemos que la UGT sigue ahí, pero aquellos bigotes imponentes y esas levitas han pasado de moda. Lo que no pasa de moda es lo de la presidencia vitalicia. Pablo Iglesias marcó el camino: si te gusta el cargo, quédatelo hasta que el cuerpo aguante.

¿Qué hemos aprendido? 

Que las mudanzas son un engorro, que el poder engancha más que el chocolate y que, al final, todos los caminos (sindicales) conducen a Madrid.

Publicado por: un observador cansado (pero con memoria).

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