Cómo destruir la paz mundial en tres sencillos pasos

1. El nacimiento del ego grupal
Resulta que si encierras a un grupo de preadolescentes y dejas que se pongan nombres tan "intimidantes" como The Rattlers o The Eagles, automáticamente creen que han fundado una nación soberana. No sabían que los otros existían, pero oye, la jerarquía social apareció solita. Porque claro, lo primero que necesita un niño de once años en el bosque es un escalafón de mando para decidir quién se queda con el mejor palo.

2. "Juegos Olímpicos" del odio
Los investigadores, en un alarde de "ética profesional" sesentera, decidieron que no había suficiente drama. ¿La solución? Organizar una gymkhana. Nada une más a la humanidad que una competencia deportiva amañada para que brote la hostilidad. El experimento casi termina en una versión de El Señor de las Moscas con problemas de seguridad reales. ¡Qué sorpresa! Nadie pudo prever que incitar al odio entre niños armados con hormonas y bates de madera saldría mal.

3. El milagro de la necesidad
Finalmente, los Sherif descubrieron la pólvora: si cortas el agua o dejas que un camión se quede atascado, mágicamente los enemigos mortales se vuelven mejores amigos. Resulta que el prejuicio y el odio son lujos que uno solo se puede permitir cuando tiene el estómago lleno y el grifo abierto. Una vez que la supervivencia entra en juego, los Eagles y los Rattlers descubrieron que empujar un camión es mucho más productivo que insultarse.

Conclusión: Somos una especie encantadora. Nos inventamos enemigos por una medalla de latón y solo nos reconciliamos cuando nos morimos de sed. 

Definitivamente, uno de los estudios "más citados" de la psicología social, probablemente por los villanos de las películas que buscan ideas para su próximo plan maestro.

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